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 El revisionismo del "Holocausto"

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MensajeTema: El revisionismo del "Holocausto"   Miér Sep 17, 2008 8:34 pm

Conferencia de Jürgen Graf en Estepona (14-2-1997)

Queridos amigos,

Permítanme llamar su atención sobre un artículo sumamente revelador publicado hace un año en el Journal of "Historical Review" (Brian Chalmers: "The Spanish Inquisition and the Jewish Question", JHR, January/February 1996). El artículo en cuestión trata de la inquisición española y proporciona pruebas concluyentes de que el número de las víctimas de la inquisición ha sido siempre exajerado de manera irresponsable por los historiadores oficiales. Sin negar o minimizar crímenes realmente cometidos por la inquisición, el autor prueba también que la historiografía oficial ha exagerado enormemente la crueldad de esta institución. Por ejemplo, el uso de la tortura durante los interrogatorios constituía la excepción y no la regla.

El autor del artículo basa sus pruebas en un análisis pormenorizado de los documentos. La conclusión es lógica e inevitable: Los que hasta ahora han escrito la historia de la inquisición española han hecho caso omiso de la objetividad. Sus motivos no eran científicos, sino políticos. De hecho, todos estos historiadores eran anticatólicos y con frecuencia igualmente antiespañoles. Exagerando tanto la brutalidad de la inquisicion como la cifra de sus víctimas, han fomentado el odio hacia la iglesia católica y el pueblo español, estigmatizándolo como intrínsecamente reaccionario y oscurantista.

Se trata aquí de un caso clásico de revisionismo. El revisionismo constituye una pura necesidad en todos los campos de la ciencia histórica. Nuevos descubrimientos, excavaciones, nuevos métodos científicos como la radiografia que permiten determinar con bastante exactitud la edad de tejidos - todo esto obliga al historiador a hacer almoneda de prejuicios arraigados. Aunque la historiografia no sea una ciencia exacta como la física o la química, la obligación de cualquier historiador concienzudo es de aspirar a la exactitud absoluta y de separar los hechos históricos de las leyendas.

Traten de imaginarse la situación siguiente: Un historiador español que ha revisado la historia de la inquisición, reduciendo drásticamente el número de sus víctimas, es citado ante el juez por "instigación al odio racial" y "difamación de los muertos". Ante el tribunal, el inculpado quiere probar su inocencia, presentando sus documentos y sus argumentos. El tribunal rechaza todas las pruebas, por conluyentes que sean, con las palabras siguientes:

"El hecho de que la inquisición española haya hecho millones de víctimas es ampliamente conocido y, por ende, de notoriedad pública. Negando con argumentos pseudo-científicos el sufrimiento de estos millones de seres humanos, el acusado ha difamado la memoria de los muertos. Lo ha hecho para justificar la institución de la inquisición, cosa que demuestra claramente que su verdadero objetivo consiste en socavar la democracia y en instalar en España una dictadura católica reaccionaria. Por eso, condenamos al inculpado a una pena de 3 años de cárcel."



Pueden imaginarse tal proceso en su país? Naturalmente no; la idea les parecerá lisa y llanamente ridícula. Desgraciadamente, simulacros de proceso de este tipo tienen lugar regularmente en Alemania, Austria y Francia. Las víctimas de esta represión son los llamados "revisionistas del holocausto" que niegan:

- La voluntad del régimen hitleriano de exterminar fisicamente a los judíos de los paises bajo su control;

- La existencia de las cámaras de gas homicidas y de los campos de exterminio;

- La cifra de 5 - 6 milliones de víctimas judías del nacionalsocialismo.

¿Por qué esta represión? Tal vez los revisionistas se sirvan de métodos no científicos? En absoluto. Sus métodos corresponden a los generalmente reconocidos en cualquier otro campo de la historiografía. Sin embargo, una revisión radical del llamado "holocausto" de los judíos es totalmente inaceptable para el sistema vigente en los paises occidentales por razones puramente políticas. Como la refutación científica de las tesis revisionistas es imposible, el sistema "democrático" no tiene más remedio que censurar y reprimir jurídicamente.

Los revisionistas examinan las pruebas que nos oferecen los historiadores tradicionalistas para demostrar la realidad del genocidio sistemático y de las cámaras de gas, y las rechazan como fraudulentas. ¿De qué "pruebas" se trata? Estudiando la vastísima literatura holocaustica oficial, el lector atento e inteligente se dará rápidamente cuenta de que toda la gravísima acusación de un genocidio industrial está únicamente basada en testimonios y confesiones. Los historiadores ortodoxos admiten a regañadientes que no existen pruebas documentales que corroboren la tesis oficial. Basta leer el libro "Les crématoires d´Auschwitz" (CNRS, 1993) del francés Jean-Claude Pressac al cual todos los medios de comunicación dieron mucho bombo después de su publicación. En su introducción, Pressac, que ha visitado los archivos de Moscú, declara haber hallado documentos comprobantes de las cámaras de gas. Leyendo el libro, se hace constar que cada vez que Pressac habla de gasificaciones humanas, la fuente citada es la declaración de un "testigo ocular". Este hecho se explica con facilidad: Los pretendidos documentos existen solo en la imaginación del señor Pressac. Lo sé muy bien porque durante dos visitas a los archivos de Moscú, efectuadas en julio/agosto y noviembre/diciembre de 1995 con el historiador italiano Carlo Mattogno, he visto todos los documentos alemanes sobre Auschwitz contenidos en estos archivos. Si los documentes comprobantes existiesen, los propagandistas soviéticos los hubieran triunfalmente presentado al mundo después de la guerra. ¿Por qué no lo han hecho? La respuesta es fácil.

La ausencia completa de documentos que corroboren la realidad de los campos de exterminio ha sido siempre un hueso duro de roer para los defensores de la verdad holocaustica oficial. Enfrentados a la necesidad de mostrar por lo menos algunos documentos, ellos recurren al truco siguiente:

Muestran documentos alemanes incontestablemente auténticos que hablan de la "evacuación" y de la "emigración" de los judíos, y emiten la suposición enteramente gratuita de que los nacionalsocialistas se hayan servido de un "lenguaje camuflado" en el cual "evacuación" y "emigracion" tenían el sentido de "exterminación". En otras palabras, los historiadores oficiales hacen decir a los documentos lo que no dicen.

A diferencia de estos falsificadores, los revisionistas se sirven de los documentos para demostrar lo que realmente ocurrió. Me contento con un solo ejemplo significativo:

Según afirman los defensores de la verdad oficial, casi todos los judíos húngaros deportados a Auschwitz entre mayo y julio de 1944 fueron inmediatamente gasificados en este campo. Se cae por su propio peso que esta afirmación no está basada en documentos, sino únicamente en testimonios de judíos y confesiones arrancadas a prisioneros alemanes después de la guerra. De hecho, existen varios documentos que refutan el mito de la exterminación de los los innombrables húngaros. Según estos documentos, los judíos en cuestión estuvieron empleados en numerosas fábricas y campos de trabajo para producir aviones de caza y otras armas? Que tipo de argumentos podrían oponer los historiadores ortodoxos a estos documentos? Claramente ninguno. Es fácil comprender por qué temen un diálogo público como el diablo teme el agua bendita.

Además del análisis crítico de los documentos, los revisionistas son los únicos que estudian seriamente las declaraciones de los testigos y las confesiones de los llamados "criminales nazis". En mi libro "Auschwitz. Tätergeständnisse und Augenzeugen des Holocaust" (Auschwitz. Confesiones y testimonios del holocausto), publicado en 1994 (Neue Visionen, Postfach, 5436 Würenlos Suiza), he citado y analizado 30 de los testimonios más importantes y más frecuentemente mencionados en la literatura oficial. Llego a la conclusión de que estos testimonios carecen totalmente de valor porque están llenos de absurdos técnicos y lógicos; además, están en flagrante contradicción entre sí.

No cabe duda de que el testigo mas importante es Rudolf Höss, primer comandante del campo de trabajo de Auschwitz. En marzo de 1946, Höss fue hecho prisionero por los ingleses, y al cabo de un interrogatorio de tres días, firmó su celebérrima declaración (Documento de Nuremberg PS-3868) en la cual declaró que 3 millones de personas habían muerto en Auschwitz, en su mayoría en las cámaras de gas, hasta noviembre de 1943. En esta misma confesión, Höss dice haber visitado el campo de Treblinka en junio de 1941. Sin embargo, como se puede leer en toda la literatura holocaustica oficial, Treblinka fué abierto en julio de 1942. Höss afirma igualmente que en Auschwitz se quemaban 3 cadáveres en una mufla de crematorio en 20 minutos; cosa radicalmente imposible, dado que los crematorios contemporáneos más eficaces son capaces de incinerar un cadáver por mufla y hora. Desde hace 14 años, sabemos cómo los británicos obtuvieron la confesión de Höss. El escritor inglés Rupert Butler revela en su libro "Legions of Death" (Arrow Press, 1983) que el primer comandante de Auschwitz fue torturado sin interrupción durante tres dias y noches por un grupo de soldados encabezados por el judío Bernard Clarke. En este tipo de confesiones arrancadas por la tortura o el chantaje se basa la acusación de un genocidio bestial sin par en la historia del mundo.

A menudo se pone a los revisionistas la objeción siguiente: "Es muy posible que muchos testigos hayan mentido o exagerado los horrores de los campos, pero no todos. La existencia de tantos testigos prueba que las cámaras de gas son una realidad pues no hay humo sin fuego." Es muy fácil responder a esta crítica citando los numerosos testimonios sobre gasificaciones en Dachau y Buchenwald. Muchos testigos describieron el proceso de exterminación en las pretendidas cámaras de gas de estos campos. Sin embargo, todos los historiadores, incluidos los propugnadores de la versión oficial del holocausto, admiten desde 1960 que las cámaras de gas de Buchenwald y Dachau eran un producto de la propaganda antialemana, y que los testimonios eran fraudulentos. ¿De qué pruebas disponen los historiadores ortodoxos para demostrar la existencia de las cámaras de gas de Auschwitz y de Treblinka? De testimonios y confesiones, nada más? Por qué serían estas confesiones y estos testimonios más dignas de crédito que aquellos sobre las cámaras de gas de Buchenwald y Dachau? A este sencillo argumento, repetido mil veces desde Paul Rassinier, fundador del revisionismo, los exterminacionistas son simplemente incapaces de responder.

Además de someter los documentos y los testimonios a un examen crítico, los revisionistas se ocupan de un aspecto esencial, totalmente descuidado por los predicadores de la verdad oficial: El examen científico de las llamadas cámaras de gas y de los crematorios.

Los métodos usados corresponden a los utilizados por el investigador de cualquier asesinato apolitico. Permítanme citar un ejemplo:
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MensajeTema: Continuación   Miér Sep 17, 2008 8:35 pm

Un hombre ha sido acuchillado. A 200 metros del cadaver, la policía halla una navaja cubierta de sangre en cuyo mango hay huellas dactilares. Varios testigos declaran haber visto al señor Fulano acuchillar a la víctima antes de darse a la fuga. ¿Cómo procedera la policia en este caso? Comparará el tipo de sangre del muerto al tipo del sangre en la hoja, y comparará las huellas digitales en el mango con las del señor Fulano. Así se procede en cualquier caso criminal. Todo jurista sabe muy bien que las pruebas materiales y forenses son superiores a las pruebas testimoniales pues un testigo puede mentir deliberatamente o equivocarse.

En el caso de un crímen tan espectacular y horripilante come la pretendida exterminación de unos millones de seres humanos en mataderos químicos, los jueces encargados de juzgar a los acusados hubieran tenido la obligación de dilucidar escrupulosamente cómo se habían desarrollado las masacres. En otras palabras: Hubieran debido encargar a los tribunales elaborar un peritaje sobre el arma del crimen - aspecto fundamental en todo proceso apolítico. Este peritaje, los tribunales no lo han exigido jamas. ¿Por que? Porque tal peritaje habría demostrado la imposibilidad técnica del genicidio industrial.

Mientras que los primeros revisionistas, como Paul Rassinier, socialista, miembro de la resistencia francesa y prisionero de Buchenwald, se contentaban con la crítica de los documentos y testimonios, el revisionismo actual ha tomado un rumbo nuevo con las investigaciones del profesor frances Robert Faurisson en los años setenta. Faurisson fue el primero en estudiar las propiedades del insecticida Zyclon B, usado en Auschwitz para matar a los piojos y pretendidamente también para aniquilar a los judíos. Se trata de una forma del ácido cianhídrico. Este ácido se utiliza en varios estados americanos para ejecutar a los condenados a muerte. Una ejecución así es un proceso complicado y peligroso; la cámara de gas debe estar herméticamente cerrada para evitar que el gas mortal se escape y mate al verdugo y al personal de la cárcel. El empleo del ácido cianhídrico en las llamadas "cámaras de gas" - que eran en realidad depósitos de cadáveres adyacentes a los crematorios, posteriormente bautizados "cámaras de gas" - habría provocado inmediatamente provocado una catástrofe: El gas se habría escapado de estos locales que no podían ser herméticamente cerrados y carecían de una ventilacion eficaz. En 1988, los revisionistas Ernst Zündel y Robert Faurisson encargaron al ingeniero americano Fred Leuchter, constructor de las cámaras de gas americanas, examinar las "cámaras de gas" en los campos de Auschwitz I, Auschwitz-Birkenau y Majdanek. Después de sus investigaciones, Leuchter redactó su célebre informe que demostró la imposibilidad técnica de las gasificaciones (véase Robert Lenski, "The Holocaust on Trial", Reporter Press, 1990). Aunque el informe Leuchter contenga incontestablemente algunos errores, la exactitud de sus conclusiones fué confirmada por el peritaje mucho mas científico y detallado de Germar Rudolf ("Gutachten über die Bildung und Nachweisbarkeit von Cyanidverbindungen in den 'Gaskammern' von Auschwitz", Cromwell Press, 1993).

El último aspecto esencial de la cuestión fué esclarecido por el italiano Carlo Mattogno, especialista eminente en la historia de Auschwitz y sus crematorios. En un estudio publicado al cabo de seis años de investigaciones ("Die Krematoriumsöfen von Auschwitz-Birkenau", en Ernst Gauss, "Grundlagen zur Zeitgeschichte", Grabert 1994), Mattogno prueba irrefutablemente que los crematorios de Auschwitz no podian incinerar mas de 162,000 cadáveres - cifra que cuadra muy bien con los decesos documentados en el campo. No se conoce el número exacto de las victimas de Auschwitz porque nos faltan las listas de los decesos para el año 1944, pero se puede calcular que el número de los muertos asciende aproximadamente a 150,000 - 160,000 durante toda la existencia del campo (abril 1940 - enero 1944). Epidemias, sobretodo el tifus, difundido por los piojos que los alemanes nunca lograron exterminar a pesar de todo su Zyclon B, procovaron la altísima mortalidad en Auschwitz.

Por supuesto, la cifra de 150,000 - 160,000 muertos es espantosa, pero hay que recordar que los poderes vencedores han cometido crímenes peores. Por ejemplo, cerca de 250,000 alemanes fueron quemados vivos en una noche y un dia en Dresden en febrero de 1945. En este caso, se trataba de una matanza organizada mucho más digna de la expresión "Holocausto" (que significa en griego "quemar totalmente") que un campo de trabajo donde muchos internados sucumbieron a epidemias incontrolables y a las duras condiciones de vida.

Quisiera resumir las conclusiones alcanzadas por los investigadores revisionistas:

- No existe la menor prueba documental para sostener la tesis de un genocidio organizado respecto de los judíos.

- Por otro lado, los documentos prueban claramente que una parte considerable de los judíos bajo el control alemán fueron enviados a campos de trabajo forzado donde las condiciones de vida eran con frecuencia inhumanas y donde muchisimos internados murieron de enfermedades y, durante la última fase caótica de la guerra, también de hambre.

- Las declaraciones de los testigos y las confesiones arrancadas a los vencidos carecen de valor. Para los vencedores, fué muy fácil obtener cualquier confesión y cualquier testimonio deseado.

- Las pretendidas gasificaciones en las localidades bautizadas posteriormente "cámaras de gas" eran técnicamente imposibles y, en consecuencia, no han tenido lugar.

- Era radicalmente imposible quemar los cadáveres de los pretendidos millones de gasificiados en los crematorios existentes.



La ausencia de una política de exterminación está igualmente probada por la abundancia de supervivientes judíos de los campos. Según escribe Nahum Goldmann, ex-presidente del congreso mundial judío, en su famosa obra "Das jüdische Paradox" (Europäische Verlagsgemeinschaft, 1978), había en 1945 600,000 judíos liberados de los campos. Si los nacionalsocialistas hubiesen realmente seguido una política de liquidación física de los judíos, casi ningún judío habría sobrevivido a los campos. Innumerables judíos famosos, de Simone Veil a Simon Wiesenthal, de Elie Wiesel a Primo Levi, pasaron meses o años de su vida en los campos sin correr el riesgo de ser gasificados. Hasta el muy trágico destino de la familia Frank no cuadra con la leyenda. En el verano de 1944, esta familia fue deportada a Auschwitz, el pretendido "campo de muerte". Sin embargo, ninguno de ellos fué a las cámaras de gas. Otto Frank murió en Suiza 40 años después de la guerra, su esposa Edith murió en Auschwitz en enero de 1945, cuando según los historiadores oficiales las matanzas ya habían terminado; sus hijas Anne y Margot sucumbieron al tifus en el campo de Bergen-Belsen a donde habían sido transferidas. Las terribles condiciones prevalentes en la última fase de la guerra son lo suficientemente amplias para explicar la altisima tasa de mortalidad de los detenidos, judíos y no judíos.

Frecuentemente se objeta al revisionismo el argumento siguiente? Dónde están los millones de judíos qué faltan si no fueron exterminados? La mejor respuesta a esta legítima cuestión fue proporcionada por el demógrafo americano Walter Sanning ("The Dissolution of European Jewry", IHR, 1983). En su obra fundamental, Sanning demuestra de manera muy convincente la dimension de la emigración judía antes de la guerra, durante ella y en los años de pos-guerra. Según los cálculos de Sanning, basados exclusivamente en estadísticas oficiales, las pérdidas judías en los territorios controlados por los alemanes ascienden aproximadamente a medio millón.

El mito del holocausto empezó como propaganda de guerra. Despues de la segunda guerra mundial, los poderes vencedores y las organizaciones judías se dieron cuenta de que la continuación del mito les sería útil por varias razones:

- Acusando a los alemanes de un crimen monstruoso, los vencedores anglosajones y soviéticos ocultaron sus propias atrocidades.

- La propaganda holocaustica destruyó el orgullo nacional del pueblo alemán y lo envenenó con un complejo de culpabilidad, transformándolo así en una grey dócil, siempre dispuesta a obedecer a las órdenes de America y a ceder a cualquier chantaje judío.

- Los judíos se hicieron invulnerables a cualquier crítica. Incluso el implacable régimen de terror israelí en los territorios árabes robados se disculpa con el argumento que "el pueblo judío tiene el derecho de protegerse contra un segundo holocausto".

Es muy fácil imaginarse las enormes implicaciones políticas del revisionismo. Si lograse imponerse, las consecuencias serían desastrosas no solo para la judería internacional - incluidos los judíos totalmente inocentes de la propagacion de la mentira -, sino también para toda la clase dirigente de las llamadas "democracias". Políticos, historiadores, periodistas - a todos se les caería la cara de vergüenza por haber defendido, durante medio siglo, un fraude de estas dimensiones. Las bases de la política internacionalista y multicultural que aspira a destruir a los estados soberanos y a minar las tradiciones de los pueblos blancos y cristianos estarían gravemente amenazadas. El derrumbamiento del mito del holocausto provocaría sin la menor duda una fuerte reacción nacionalista. No olvidemos que los manipuladores se sirven regularmente del holocausto para desalentar cualquier forma de patriotismo y para inculcar a los pueblos occidentales un complejo de culpabilidad. En consecuencia, nosotros ya no nos atrevemos a oponernos a la inmigración masiva de africanos y asiáticos que, a largo plazo, amenaza nuestra sobrevivencia como pueblos blancos y cristianos y la sobrevivencia de nuestra civilización.

Dada su incapacidad lamentable de responder a los argumentos revisionistas con otros argumentos, los regimenes "democráticos" no tienen más remedio que intensificar la propaganda, la censura y el terror. En lugar de apacigüarse con el tiempo, el lavado de cérebro nos hace aumentar en virulencia. En Alemania, Austria y Francia el revisionismo histórico es hoy considerado como un crimen. Günter Deckert, jefe del partido nacional-democrático alemán, fué condenado a dos años de cárcel por haber traducido una conferencia técnica de Leuchter sobre las cámaras de gas. En Francia, se prepara un proceso contra el célebre filósofo Roger Garaudy, ex-marxista, convertido al islam en los años ochenta y autor del libro "Les Mythes fondateurs de la politique israélienne" (La Vieille Taupe, Paris 1996). El profesor Robert Faurisson ha sido citado ante el juez diez veces. En Suiza, las autoridades están preparando un proceso contra mi editor y contra mí en virtud de una nebulosa "ley antiracista", entrada en vigor en 1995. Sin embargo, la experiencia muestra que tales medidas represivas nunca han conseguido impedir la victora de una verdad; pueden solamente retardarla. Cuando la mentira del holocausto sea públicamente desenmascarada, los responsables de la mayor estafa de todos los tiempos se encontrarán entre la espada y la pared. Lo saben muy bien, y para retardar el ajuste de cuentas, intensifican la propaganda y el terror. Temo que en los anos que vienen haya numerosas víctimas en nuestro campo.



Apéndice 1:

¿Dónde se pueden procurar los libros revisionistas?

Las más importantes obras revisionistas en alemán, francés e inglés se pueden obtener en Bélgica (Vrij Historisch Onderzoek, Postbus 60, 2600 Berchem-2, Bélgica).

Un excelente historiador revisionista es el español Enrique Aynat, autor de tres libros ("Los 'Protocolos de Auschwitz': ¿Una fuente histórica?", García Hispán, Alicante 1990; "Estudios sobre el 'Holocausto'", Graficas Hurtado, Valencia 1994; "El Holocausto a debate", Valencia 1995).



Apéndice 2:

Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz?



9.000.000 según la película "Nuit et brouillard" del director de cine francés Alain Resnais (1955).

8.000.000 según un informe publicado en 1945 por la comisión francesa para la investigación de los crimenes de guerra (Eugène Aroneanu, "Camps de concentration", Office français d´édition, p. 196).

7.000.000 según el ex-detenido judío Raphael Feigelson (ibidem).

6.000.000 según el editor judío Tibère Kremer ("Les Temps modernes", marzo de 1951, p. 1655).

5.000.000 según "Le Monde" (20-4-1978).

4.000.000 según el tribunal de Nuremberg (Documento URSS-008).

3.500.000 según el director de cine judío Claude Lanzmann (Introducción de Lanzmann al libro de Filip Müller "Trois ans dans une chambre à gaz", Pygmalion/Gérard Watelet, 1980, p. 12).

3.000.000 según la confesión del primer comandante del campo, Rudolf Höss (Documento de Nuremberg PS-3868).

2.500.000 según el ex-detenido judío Rudolf Vrba (declaración de Vrba en la embajada israeli en Londres, 16-7-1961).

2.000.000 a 3.000.000 según la confesión del SS Pery Broad ("Auschwitz in den Augen der SS", Verlag des Staatl. Museums Auschwitz, 1973, p. 141).

2.000.000 según la historiadora judía Lucy Dawidowicz ("The war against the Jews", Penguin Books, 1990, p. 191).

1.600.000 según el historiador israelí Yehuda Bauer ("Auschwitz and the Poles", The Jerusalem Post, 22-9-1989, p. 6).

1.500.000 según el gobierno polaco en 1995.

1.250.000 según el historiador judío Raul Hilberg ("The destruction of the European Jews", Holmes and Maier, New York 1985, p. 895).

1.000.000 a 1.500.000 según Jean-Claude Pressac en 1989 ("Auschwitz. Technique and Operation of the Gas Chambers", Beate Klarsfeld Foundation, New York 1989, p. 553).

800.000 a 900.000 el historiador judío Gerald Reitlinger ("Die Endlösung", Colloquium, Berlin 1983, p. 524).

700.000 a 800.000 (entre ellos, 630.000 judíos gasificados) según Jean-Claude Pressac en 1993 ("Les crématoires d´Auschwitz", CNRS, Paris 1993, p. 148).

630.000 a 710.000 (entre ellos, 470.000 a 550.000 judíos gasificados) según Jean-Claude Pressac en 1994 ("Die Krematorien von Auschwitz", traducción del original frances, Piper, München 1994, p. 202.

150.000 a 160.000 (entre ellos, ningun gasificado) según los revisionistas Robert Faurisson y Carlo Mattogno.


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MensajeTema: Re: El revisionismo del "Holocausto"   Jue Sep 18, 2008 8:59 pm

Hay que acabar con las mentiras ...la verdad es lo único que hará libre al mundo y a los hombres que le habitamos.

¡¡ VIVA ARGENTINA !!
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MensajeTema: Re: El revisionismo del "Holocausto"   Dom Sep 21, 2008 3:13 am

¿Cómo obtuvieron los Británicos las confesiones de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz?

por Robert Faurisson

Rudolf Höss fue el primero de los tres comandantes sucesivos del campo de concentración de Auschwitz. Es comúnmente Ilamado "el comandante de Auschwitz" y el gran público conoce de él unos escritos que han sido editados como "Le Commandant d'Auschwitz parle". Compareció ante el Tribunal Militar Internacional (TMI) como testigo, el 15 de abril de 1946. Su declaración causó sensación. Ante la estupefacción de los acusados y en presencia de la prensa del mundo entero, confesó los crimenes más horrendos que la historia jamás había conocido. Decía haber recibido personalmente la orden de Himmler de exterminar a los judíos. Estimaba que en Auschwitz 2.500.000 habían sido exterminados con gas y al menos otros 500.000 habrían sucumbido al hambre y las enfermedades, lo que daba una cifra total de alrededor de 3.000.000 de muertos. Estas confesiones eran falsas. Le habían sido arrancadas mediante la tortura. Hizo falta esperar hasta 1983 para conocer la identidad de los torturadores y la naturaleza de las torturas.

Las confesiones de Höss están constituidas por cuatro piezas distintas que, según el orden cronológico, son las siguientes:

1.-- Una declaración escrita firmada el 14 de marzo (Ào el 15 de marzo?) de 1946, a las 02 horas y 30 minutos de la madrugada; se trata de un texto dactilografiado de 8 páginas redactado en alemán. No creo que en circunstancias ordinarias una sola instancia judicial de los países democráticos hubiera aceptado tomar en consideración estas páginas, desprovistas de todo membrete y de toda referencia administrativa impresa y con abundantes correcciones diversas, sea dactilografiadas, sea manuscritas, sin el acompaamiento de la más mínima rúbrica y sin ninguna advertencia, al final, del número de palabras corregidas o suprimidas. Höss firmó una primera vez después de haber escrito: "14.3.46, 2,30 horas". Procedió del mismo modo tras dos líneas que habrían debido estar manuscritas pero que estaban dactilografiadas y que dicen: "He leído et texto precedente; confirmo que corresponde a mis propias declaraciones y que es la pura verdad". Siguen los nombres y las firmas de dos testigos: dos sargentos británicos; uno no menciona la fecha, mientras otro indica la del 15 de marzo. Viene por fin la firma de un capitán de la Sección 92 de la Seguridad Militar en Campaa que certifica que los dos sargentos han estado presentes durante todo el procedimiento durante el cual el prisionero R. Höss ha efectuado voluntariamente su declaración. La fecha es la del 14 de marzo de 1946. ¡Nada indica el lugar!

La acotación que los Aliados atribuyeron a este docurnento es NO- 1210.

2.- Una declaración bajo juramento (en inglés: "affidavit") firmada el 5 de abril de 1946, o sea 22 días mas tarde. Se trata de un texto dactilografiado de 2 páginas y 1/4, redactadas en inglés. Este último punto es sorprendente. Pues Höss firmó aquí una declaración bajo juramento, no en su lengua, sino en la de sus captores. Su firma aparece tras tres reanudaciones: primero bajo las dos primeras páginas, después en la tercera y última página, tras un texto de 4 líneas, siempre en inglés, siempre dactilografiadas y que dicen: "Entiendo el inglés, lengua en que se halla redactado el texto precedente. He declarado según la verdad, he hecho esta declaración voluntariamente y sin coacción; tras haber releído mi declaración, la he firmado y certificado. En Nuremberg, Alemania, el 5 de abril de 1946". Prosigue la firma del Teniente Coronel Smith W. Broorkhart, tras la fórmula: "Tras haber prestado juramento y firmado, ante mi presencia el 5to día de abril de 1946, en Nuremberg, Alemania".

Por la forma este texto es todavía -- si ello es posible -- más inaceptable que el anterior. En particular, encontramos que líneas enteras están añadidas en mayúsculas manuscritas a la manera inglesa, mientras que otras son tachadas de un plumazo. No hay ninguna rúbrica al margen sobre estas correcciones, ninguna advertencia, al final del documento, sobre el número de palabras tachadas como nulas.

La acotación que los Aliados dieron a este documento es PS-3868.

Para disimular el hecho de que Höss había firmado una declaración bajo juramento que estaba en inglés, cuando habría debido estar en su propia lengua, en alemán, y para hacer desaparecer los tachones, las añadiduras y las correcciones, ésta es la superchería que fue utilizada en Nuremberg: se recompuso el texto en limpio y se presentó como una "traducción", sobreentendiéndose que era del alemán al inglés. Pero el tramposo fue demasiado deprisa al operar. Creyó que una añadidura al párrafo 10 (debida a una mano inglesa) era una añadidura al final del párrafo 9. El resultado de este equívoco es que el final del párrafo 9 se transformó en algo totalmente incomprensible.

Existen, pues, dos documentos diferentes bajo la misma acotación PS-3868: la pieza firmada por Höss y el"remake". Este "remake", esta falsa chapuza, fue la utilizada ante el TMI. Una obra histórica que dice reproducir la declaración PS--3868 de Höss reproduce de hecho, el "remake", pero suprimiendo sin decirlo el final del párrafo 9, así como el párrafo 10 entero: veánlo en "La Persécution des Juifs dans les Pays de l'Est présentée a Nuremberg", de Henri Monneray (Paris, Ed. du Centre de Documentation Juive, 1949, p. 159-162).

3.-- La declaración oral tan espectacuIar que ya he mencionado y que fue hecha ante el TMI el 15 de Abril de 1946, es decir, diez días después de la redacción del documento PS--3868.

Paradójicamente, fue un abogado de la defensa quien pidió la comparecencia de Höss. Kurt Kauffmann, defensor de Emst Kaltenbrunner, con la intención manifiesta de mostrar que el responsable de la presunta exterminación era Himmler y no Kaltenbrunner. Cuando llegó el turno para el representante del ministerio público (a la sazón, el fiscal adjunto de los EUA, coronel Harlan Amen) de interrogar a Höss, hizo que pareciese que leía la declaración firmada por éste último y, en realidad, leyó extractos del "remake". Hadan Amen dijo un pretexto para no leer el párrafo 9 (y, de paso, el párrafo Cool. Interrumpiéndose tras la lectura de cada fragmento, preguntaba a Höss si era aquello lo que él había dicho. Recibió, eh todo y para todo, las siguientes respuestas: "Jawohl", Jawohl", "Jawohl"," "Ja, es stimmt", después una respuesta de dos líneas (conteniendo una enormidad, a saber, que los judíos húngaros habían sido matados en Auschwitz a partir de 1943, cuando el primer convoy de estos judíos llegó a Auschwitz el 2 de mayo de 1944) y después, de nuevo Jawohl", "Jawohl", Jawohl", una respuesta de una línea y -- de nuevo -- "Jawolh", "Jawolh" (IMG, Tomo XI. pp 457-461) Las siglas IMG corresponden a "International Militärgerichtshof", es decir es la versión alemana de los debates del TMI).

Normalmente deberían haberse hecho cien preguntas sobre este exterminio y las cámaras de gas, es decir, sobre un crimen y un instrumento del crimen sin precedentes en la historia. Pero nadie planteó esas cuestiones. En particular, el Coronel Amen no solicitó ninguna precisión ni ningún complemento sobre el texto verdaderamente horroroso del cual daba lectura ese día, en presencia de periodistas que, al día siguiente, iban a hacer de ello los grandes tftulares de sus periódicos.

4.--, Los textos reunidos generalmente bajo el título de "Le Commandant dAuschwitz parle" (en alemán "Kommandant in Auschwitz"). Höss los habría redactado a lápiz bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas polacos, en la cárcel de Cracovia, a la espera de ser procesado. Fue condenado a muerte el 2 de abril de 1947 y colgado 14 días más tarde, en el campo de Auschwitz. Fue necesario esperar hasta 1958, es decir 11 años más tarde, para que se editaran en alemán lo que se ha llamado sus "Memorias". La publicación corrió a cargo del historiador Martin Broszat, sin respeto alguno a los métodos que rutinariamente se emplean en publicaciones científicas. Broszat suprimió fragmentos que habrían mostrado claramente que Höss o sus carceleros poIacos comunistas habían escrito barbaridades, lo que resultaba perjudicial para la veracisad del conjunto del relato.

Las cuatro piezas que acabo de enumerar tienen una estrecha afinidad de filiación. Al observarlas de cerca, las contradicciones no faItan en sus respectivos contenidos, pero, en lo esencial, se corroboran. Las ocho páginas del NO-- 1210 están de algún modo resumidas en las 2 páginas y 1/4 del PS--3868: Este último documento sirvió de pieza central en la declaración oral ante el TMI; en fin, las memorias redactadas en Cracovia coronan el todo. La base y la matriz están en el documente NO--1210. De ello volveré a hablar.


REVELACIONES DE HöSS EN CRACOVIA SOBRE SU PRIMERA CONFESION


La guerra habfá finalizado en Alemania el 8 de mayo de 1945. Höss cayó en manos de los británicos, que lo encerraron en un campo para SS. En su calidad de agricultor profesional, obtuvo una liberación anticipada. Sus guardianes ignoraban entonces la importancia de su presa. Fue empleado como obrero agrícola en una granja cerca de Flossenburg, no lejos de la frontera con Dinamarca. Permaneció ahí ocho meses. La Policia Militar reinició su búsqueda. Su familia, con la cual había logrado retomar contacto, estaba estrecharnente vigilada y sometida a frecuentes pesquisas. Cuenta en sus memorias las circunstancias de su captura y lo que ocurrió después. El trato que sufrió Höss fue particularmente brutal. A primera vista asombra que los comunistas polacos permitiesen a Höss efectuar estas revelaciones sobre la Policía Militar británica. Tras una reflexión descubrimos que pudieron ser guiados por uno o más de estos motivos:

-- El deseo de dar a esta confésión una apariencia de sinceridad y veracidad;

-- La intención de suscitar en el lector una comparación halagadora para los comunistas polacos entre los métodos británicos y los métodos polacos; Höss dirá, en efecto, más adelante que, durante la primera parte de su estancia en Cracovia se estuvo a punto de "aniquilarlo" física y sobre todo moralmente, pero que después se le trató "con tanta comprensión, tanta humanidad que consintió en escribir sus memorias".

-- La necesidad de dar una explicaci6n a varios absurdos contenidos en el documento NO--1210 que los policias británicos habían hecho firmar a Höss, consistiendo uno de éstos en afirmar la existencia de un''campo de exterminio" en un lugar que no ha existido jamás en ningún mapa de Polonia: "Wolzek, cerca de Lublin"; la confusión con Belzec no puede ser tomada en consideración puesto que Höss habla de tres campos más:. "Belzek" (sic), "Treblinka" (sic) y "Wolzek, cerca de Lublin". Más adelante Treblinka será correctamente escrito. Reparamos al mismo tiempo en que los campos de Belzec y Treblinka no existían todavía en la época (junio de 1941) en la que Himmler, según Höss, le habría dicho que éstos funcionaban como "campos de exterminio".

He aquí en qué términos relata Höss sucesivamente su arresto por los británicos, su firma del documento que devendría el NO--1210, su traslado a Minden--a.d--Weser (donde el trato que se le dio fue incluso peor), su estancia en la prisión de Nuremberg y, por fin, su extradición a Polonia.

"El 11 de marzo, a las 23 horas, vinieron a arrestarme. Dos días antes de esa fecha mi ampolla de veneno se había roto. Despertado de un sobresalto, creía que era atacado por ladrones que, en aquellos tiempos, eran muy numerosos en la región: no tuvieron pues ninguna dificultad en arrestarme. Et tratamiento que recibí de la Field Security Police no fue particularmente clemente.

Se me Ilevó a Heide y me encontré de nuevo por azar en el mismo acuartelamiento del que los ingleses me habían liberado 8 meses antes. Mi primer interrogatorio fue "contundente", en el sentido concreto de la palabra. Firmé la declaración verbal, pero no sabía lo que contenta: el uso alternado del alcohol y del azote era demasiado, incluso para mí. El azote era de mi propiedad personal. Se hallaba par azar en el bagaje de mi mujer. No creo que con él haya golpeado a mi caballo y ciertamente no lo habia hecho con los internados. Pero el hombre que me interrogaba pensaba probablemente que me había servido de aquél para golpear a los prisioneros durante todo el día.

Al cabo de algunos días, fui conducido a Minden-a.d.-Weser, centro de interrogatorios en la zona inglesa. Allí sufri un tratamiento todavía más brutal por parte del procurador militar, un comandante inglés. El régimen de la prisión en la que estaba encerrado se correspondía con su actitud. Al cabo de tres semanas fui bruscamente conducido al peluquero, quien me afeitó la barba y me cortó los cabellos; se me autorizó también a lavarme. Desde mi detención era la primera vez que se me quitaban las esposas.

Al dia siguiente se me trasladó en vehículo especial a Nuremberg, en compañía de un prisionero de guerra al que se habla traído desde Londres como testigo de descargo para Fritzsche (Hans Fritzsche, encargado de la radio y la prensa en el ministerio de Goebbels, al que se quiso procesar al ser imposible juzgar al ministro; fue absuelto en Nuremberg. Nota del autor). Tras mis experiencias precedentes la experiencia en aquella cárcel fue una cura de salud. Me encontraba en el mismo pabellón que los principales acusados y podía verlos constantemente cuando eran Ilevados ante el TMI. Representantes de todos los países aliados venían todos los días a dar una vuelta por nuestra prisión: en cada ocasión se me mostraba como una "bestia feroz" particularmente curiosa.

Se me había hecho venir a Nuremberg como testigo de descargo de Kaltenbrunner, a petición de su defensor. Hasta ese día no Ilegué a comprender por qué era yo, entre todos, quien había sido elegido para ese papel.

Las condiciones de mi estancia eran excelentes bajo todos los aspectos; disponíamos de una gran biblioteca y podía emplear todo mi tiempo en leer. Pero los interrogatorios eran verdaderamente muy penosos: No se nos inflingían malos tratos, pero la presión moral era muy difícil de soportar. No podia llevarme bien con mis jueces: todos eran los innombrables. Fueron estos judíos deseosos de saberlo todo quienes me atacaron psicológicamente. No dejaban subsistir ninguna duda sobre la suerte que nos esperaba.

El 25 de mayo, aniversario de mi boda,fui conducido con Bihler (sic por Buehler) y Von BurgsJorf al aeródromo donde se me entregó a oficiales polacos. Un avión de los EUA nos Ilevó, via Berlin, a Varsovia", (Rudolf Höss, "Le Commandant d'Auschwitz parle" Traducido del alemán por Constantin de Grunwald, Ed. Julliard, 1959. En la edición de 1970, pp 248-250).
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MensajeTema: Continuación   Dom Sep 21, 2008 3:15 am

REVELACIONES EN 1983 SOBRE LOS TORTURADORES BRITÁNICOS DE HÖSS


Los revisionistas habían probado, desde hacía tiempo, que las diversas confesiones de Höss contenían tantos errores burdos, sin sentidos e imposibilidades de toda suerte que no era posible otorgarles la credibilidad que los jueces de Nuremberg y de Cracovia, así como los historiadores ocasionales, les habían otorgado, sin ningún análisis previo de su contenido y de las circunstancias en las que las confesiones habían sido logradas.

Con toda verosirrillitud Höss habia sido torturado por británicos de la "92 Field Security Section". Pero hacía falta una confirmación de esta hipótesis. La confirmción Ilegó con la aparición de un libro inglés que contenía el nombre del principal torturador (un sargento británico de origen judío) y describía las circunstancias del arresto de Höss, así como su interrogatorio en tercer grado.

El libro es de Rupert Butler. Fue publicado en 1983 (Hamlyn Paperbacks). Butler es el autor de otras 3 obras ("The Black Angels". 'Hand of Steel" y "Gestapo"), publicadas por el mismo editor, pero la que nos interesa es la titulada "Legions of Death", Su inspiración es antinazi, Butler dice que para sus averiguaciones investigó en el Imperial War Museum", en el "Institute of Contemporary History, (la célébre "Wiener Library") y en otras prestigiosas instituciones. AI principio de esta obra agradece a estas instituciones su ayuda, así como a dos personas, una de las cuales es un "judío" llamado Bernard Clarke, "quien capturó a Rudolf Höss, el comandante de Auschwitz" y del cual cita varios fragmentos de escritos, o bien de conversaciones grabadas.

Clarke no experimentaba ningún remordimiento, antes bien estaba orguIloso de haber torturado a un "nazi". Tampoco Butler ve en ello nada malo. Ni el uno ni el otro advierten la importancia de su revelación. Dicen que Höss fue detenido el 11/marzo/46 y que hicieron falta tres días para obtener "Una declaración coherente".

Tampoco se dan cuenta de que esa "declaración coherente" no es otra cosa que la confesión, verdaderamente loca, que fue firmada por una víctima delirante el 14 o 15 de marzo de 1946, a las 02,30 horas de la madrugada y que iba a sellar el destino de Höss y a marcar para siempre la historia del mito de Auschwitz.

El 11 de marzo de 1946 Clarke y otros cinco especialistas en información, con uniforme británico, de elevada estatura en su mayor parte y con un aspecto amenazador, penetran en el domicilio de la Sra. Höss y de sus hijos. Los seis hombres, se nos dice, "están todos entrenados en las técnicas más sofisticadas de interrogatorios persistentes y sin misericordia" (p. 235). Clarke se pone a gritar: "Si no nos dice dónde está (su marido) la entregaremos a los rusos, quienes la colocarán ante un poste de ejecución y enviarán a su hijo a Siberia". La Sra. Höss sucumbe y revela - segdn Clarke- el emplazamiento de la granja donde estaba escondido su marido. Revela asimismo su falso nombre, Franz Lang. Y Clarke añade: "Una intimidación parecida sobre et hijo y la hija produjo informes idénticos". El sargento judío y los otros cinco especialistas en interrogatorios de tercer grado parten entonces a la búsqueda dé Höss al que sorprenden en plena noche, acostado en un rincón de la sala utilizada como matadero en la granja.

"Höss profirió un grito ante la simple visión de los uniformes británicos. Clarke aulló: ¿tu nombre?'. Cada vez que la respuesta era "Franz Lang", et sargento Clarke aplastaba la cara de Höss de un puñetazo. A la cuarta, Höss cedió y reconoció quién era. De inmediato esta confesión desencadenó la repugnancia de los sargentos judíos que habían venido a arrestarlo, cuyos parientes habían muerto en Auschwitz en virtud de una orden firmada por Höss. El prisionero fue arrancado del camastro Y fue despojado de su pijama. Fue después arrastrado desnudo hasta una de las mesas de matanza y allí Clarke creyó que los golpes y gritos no acabarían nunca.

Al final, el oficial de sanidad presente intervino con insistencla ante el capitán: 'Dígales que paren o es un cadáver lo que usted se llevará'. Se echó sobre Höss una manta y fue arrastrado hasta el coche de Clarke, donde este derramó en su garganta una buena dosis de whisky. Al intentar dormir Höss, Clarke le puso su fusta de mando en los párpados y en alemán le ordenó: "Manten abiertos tus ojos de cerdo, especie de puerco!"

Entonces, por vez primera, Höss contó una justificación que iba a repetir a menudo: 'Recibía mis órdenes de Himmler. Soy un soldado como ustedes. Era necesario obedecer las órdenes'. El equipo estaba de regreso en Heide a las tres de la mañana. La nieve continuaba arremolinándose pero se le arrancó a Höss su manta y se le hizo atravesar completamente desnudo et patio de la prisión hasta su celda". Es así como Clarke revela: "Hicieron falta tres dias para obtener (de Höss) una déclaración coherente".

Es, pues, esta declaración obtenida en las condiciones que se ve por unas bestias de la Seguiidad Militar británica y bajo la inspiración de la mente enferma del sargento-intérprete Bernard Clarke, la que se convertirá en la primera confesión de Höss, la confesión primordial catalogada como NO-1210. Una vez que el prisionero torturado había comenzado a hablar, Clarke dice que fue imposible detenerlo. Y Clarke, no más consciente en 1982 o 1983 que en aquellos días de 1946 de la magnitud de aquello que forzaba a Höss a confesar, cita entonces una serie de horrores ficticios presentados aquí como reales: Höss se puso a relatar cómo, habiendo prendido fuego a los montones de cadáveres, se recogía (sic) la grasa que de ellos se desprendía para volver a verterla -sobre los cadáveres (!). Evaluaba en dos millones el número de muertos sólo en el tiempo en que él había estado de comandante en Auschwitz; las matanzas alcanzarían a veces el número de 10.000 víctimas al día.

Clarke estaba encargado de la censura de las cartas que Höss enviaba. a su mujer y a sus hijos. Todas las policías del mundo saben que esa autorización para escribir a la familia constituye un arma psicológica. Para hacer "cantar" al prisionero bastó a veces con suspender o suprimir esta autorización. Clarke hace una interesante observación sobre el contenido de las cartas de Höss; nos confía: "En ocasiones el fragmento era duro de tragar. Había dos hombres en aquel hombre. Uno era brutal y sin consideración para la vida humana. El otro era tierno y afectuoso" (p. 238).

Rupert Butler termina su relato diciendo que Höss ya no buscaba negar ni escapar a sus responsabilidades. Es un hecho que en el proceso de Nuremberg, Höss se condujo con una "apatía esquizoide". La expresión es del psicólogo norteamericano G. M. Gilbert, el psicólogo de la prisión encargado de la vigilancia psicológica de los prisioneros, en relación con el ministerio público norteamericano. Se puede creer bien que Höss se había "escindido en dos". Tenía el aspecto de un pingajo porque se había hecho de él un andrajo. "Apathetic" dice Gilbert en la p. 229 de su libro (Nuremnerg Diary, Signet Books, 1947); "apathetic" repite en la página siguiente; "schizoid apathy" escribe en la p. 239.

Al final de su proceso en Cracovia, Höss acogió la sentencia de muerte con aparente indiferencia. R. Butler observa a este propósito: "(Höss) había conprendido que los Aliados habían recibido órdenes y que era absolutamente incuestionable que esas órdenes serían ejecutadas" (p. 238) No sabríamos decirlo mejor. R. Höss, a semblanza de millares de acusados alemanes entregados a la gracia de vencedores totalmente convencidos de su buen derecho, había comprendido rápidamente que no había otra elección que pasar por la voluntad de estos justicieros del Oeste y del Este.


R. Butler evoca a continuación el caso de Hans Frank, antiguo Gobernador General de Polonia. Con el mismo tono de satisfacción moral relata las circunstancias de su captura y el tratamiento recibido:

"La celebridad del personaje no surtió ningún efecto en los dos soldados norteamericanos de color que lo detuvieron y que hicieron Io necesario para que fuera trasladado a la prisión municipal de Miesbach solamente después de que hubiese sido salvajemente golpeado y después arrojado a un camión. Se le cubrió con un toldo para ocultar las huellas más marcadas del tratamiento que había sufrido; Frank aprovechó esta cobertura para cortarse la arteria del brazo izquierdo. No era, evidentemente, cuestión de dejarlo salir bien librado tan fácilmente: un oficial de sanidad del Ejército norteamericano le salvó la vida y Frank pudo comparecer ante el TMI de Nuremberg" (pp. 238-239).

(Hans Frank, lo sabemos, fue colgado. Hans Frank y Rudolf Höss no fueron los únicos en sufrir tratamientos de este género. Entre los casos más célebres se conocen los de Julius Streicher, Hans Fritzsche. Franz Ziereis, Josef Kramer, Oswald Pohl. Pero el caso de Höss es, con mucho, el más grave, por sus consecuencias. Ningún documento alemán prueba la existencia de una supuesta politica de exterminio. León Poliakov reconocía ya en 1951: "En lo concerniente a la concepción propiamente dicha del plan de exterminio total, los 3 a 4 principales autores se suicidaron ( mayo de 1945. Ningún documento ha quedado, puede que jamás haya existido, (Bréviaire de la haine. Le IIIe Reich et les Juifs. Calman-Levy, 195 1; p. 171 de l'ed. de bolsillo de 1974).

En ausencia de todo documento, los "Historiadores" a lo Poliakov se han contentado principalmente con unas confesiones dudosas como las de Kurt Gerstein (brillantemente desmontadas por el trabajo de Henri Roques, NdT.) o de Rudolf Höss, no sin modificar los textos a su conveniencia.

Bernard Clarke es "actualmente un hombre de negocios próspero establecido en el sur de Inglaterra" (Legions of Death, 1983, p. 235). Se puede decir bien que fue su voz y su espíritu depravado lo que se escuchó en Nuremberg el 15 de abril ( 1946, cuando el procurador Amen daba lectura, fragmento a fragmento, ante un auditorio estupefacto y transtornado, a la pretendida confesión de Höss. Ese día emprendía de alguna manera su vuelo una mentira de proporciones planetarias: la mentira de Auschwitz. En el origen de este prodigioso "affaire" de los medios de comunicación están algunos sargentos judíos de la Seguridad Militar británica, entre los cuales Bernard Clarke, hoy un hombre de negocios próspero establecido en el sur de Inglaterra".

EL TESTIMONIO DE MORITZ VON SCHIRMEISTER

Moritz von Schirmeister había sido durante la guerra consejero de prensa personal de Joseph Goebbels. El 29 de junio de 1946 fue interrogado ante el TMI como testigo de descargo, de Hans Fritzsche Su declaración fue particularmente interesante en lo que concernía a la verdadera personalidad del Dr. Goebbels y también respecto a la actitud de los servicios alemanes frente a la oleada de atrocidades vertidas durante la guerra por los aliados en la cuenta de los campos de concentración. Al final de la guerra Moritz van Schirmeister había sido detenido por los británicos e internado en Inglaterra, donde había estado encargado de la"reeducación", política de sus camaradas detenidos. Para testificar ante el TMI fue transferido de Londres a Alemania, a Minden-a.d.-Weser, que era el principal centro de interrogatorios de la Policía Militar británica. Desde allí fue conducido en coche (31 de marzo -- 1 de abril de 1946) a la prisión de Nuremberg. En el mismo vehículo se encontraba R. Höss. Moritz von Schirmeister es precisamente el "prisionero de guerra que había sido traído de Londres como testigo de descargo de Fritzsche'' del cual hablaba Höss en sus "memorias" (ver más arriba). Gracias a un documento escrito que debo a la cortesfa del norteamericano Mark Weber -que me remitió copia en septiembre de 1983-, documento del cual no estoy autorizado aún a indicar la fuente exacta, sabemos que los dos alemanes pudieron conversar libremente en el vehículo que los Ilevaba a Nuremberg. En ese documento de algo más de dos páginas, Moritz von Schirmeister refiere que, a propósito de los cargos que pesaban sobre él, Höss le contó: "Gewiss, ich habe unterschrieben, dass ich 2 l/2 Millionen Juden umgebracht habe. Aber ich hatte genausogut unterschrieben dass es 5 Millionen Juden gewesen sind. Es gibt eben Methoden, mit denen man jedes Gest endhis erreichen kann - ob es nun wahr ist oder nicht (Seguramente he firmado que he matado a dos millones y medio de judíos. Pero podría también haber firmado que fueron cinco millones. Hay precisamente métodos para obtener cualquier tipo de confesión, sea cierta o no).


OTRA DECLARACIÓN FIRMADA DE HÖSS

Los torturadores británicos de Höss no tenían razón alguna para molestarse. Tras haberle hecho firmar el documento NO-1210 a las 2,30 horas de la mañana del 14 o 15 de marzo de 1946, obtuvieron de él una nueva firma, esta vez el 16 de marzo y en esta ocasión al final de un texto en inglés, redactado por la mano de un inglés, con un espacio en blanco en la parte del papel donde debería haber figurado el nombre del lugar. Era necesario todo el cinismo, la inconsciencia y la ingenua truhanada de los torturadores para hacerle firmar una sencilla esquela donde se leía, en inglés:

Declaración efectuada voluntariamente en la prisión de (pasaje en blanco) por Rudolf Hösss, antiguo comandante del campo de concentración de Auschwitz, et 16 de marzo de 1946.

Personalmente he organizado bajo órdenes recibidas de Himmler en mayo de 1941 el gaseamiento de dos millones de personas, entre Junio y Julio de 1941 y finales de 1943, tiempo durante el cual he sido el comandante de Auschwitz.

Firmado:

Rudolf Höss

SS-Stubfhr.

Antiguo Kdt.deAuschwitz-Birkenau."

Incluso la palabra 'signed' ("firmado") pertenecía a una mano inglesa.

CONCLUSIÓN


El testimonio de Rudolf Höss era de una imporiancia primordial para los historiadores defensores de las tesis del exterminio de los judíos y de la existencia, en Auschwitz, de cámaras de gas homicidas. Con la publicación de 'Legions ofl Death' por Rupert Butler, ese "testimonio" se hunde definifivamente. Según lo que aseguraban los historiadores revisionistas, Rudolf Hoss efectuó este testimonio bajo tortura. La ironía ha querido que esa confirmación de la tesis revisionista haya sido involuntariamente aportada por un historiador exterminacionista. Este último no suponía ciertamente la importancia de su descubrimiento, que acaba de corroborar en Octubre de 1986 una emisión televisada británica: 'Secret Hunters'. Vean, al respecto, Mike Mason 'In a cell with a Nazi war criminal -- We kept him awake until he confessed' ("En una celda junto a un criminal de guerra nazi -- Lo mantuvimos despierto hasta que confesase"), Wrexham Leader, 17 de octubre de 1986.
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