Creo haber llenado mi deber con mis conciudadanos y compañeros. Si más no hemos hecho en el sostén de nuestra independencia, nuestra identidad, y de nuestro honor, es porque más no hemos podido
 
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 El primer maestro

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MensajeTema: El primer maestro   Lun Sep 22, 2008 4:45 pm

El 10 de marzo de 1603 en la ciudad de Vera y bajo la administración del Teniente de Gobernador, el mestizo Diego Martínez de Irala, el Cabildo Correntino designaba al criollo Ambrosio de Acosta “maese escuela” dando así inicio a la tradición educativa.


Lejos estamos ya de aquella “leyenda negra” formada en torno a la conquista y que un día nos quisieron legar por verdadera, quizá desconociendo la auténtica historia, aquella que nos dice que la conquista fue realizada por “hombres”, que como tales, tuvieron sus defectos y sus virtudes, pero que por sobre todas las cosas poseían un alto sentido del honor, un valor incuestionable y responsabilidad de la empresa acometida.


Junto al acero de la espada llegó la otra conquista, la más difícil quizá: la espiritual. Las armas no podían alcanzarla, sólo la inteligencia, la perseverancia y la decisión de sus misioneros lograron el milagro. Poco a poco, pacificadas las almas, organizadas las misiones, instituidos los pueblos, el hombre de América va surgiendo como una nueva realidad en marcha.


Por eso podemos decir que Patria es la tierra donde se ha nacido, sus habitantes y tradiciones, el alma colectiva que cree en un solo ideal y que ama, como un dechado que Dios ha puesto delante de sus ojos para que acerque a él todo su ser. Y todo esto, nos llega de nuestros antepasados hispánicos, conquistadores y evangelizadores que afrontan el dominio, no por destrucción sino por asimilación. Llegamos así al punto de partida; la Patria nace en esta tierra virgen, con sabor de hispanidad, contradicción y costumbres semejantes, desligarla es desvirtuar la historia. Y con la Patria también nace Corrientes, cuna de hombres valientes y nobles, moldeados al influjo de la espada y al fulgor del “Milagro de la Cruz”.


Cultivemos la tradición sí, pero sin olvidar jamás los que la forjaron, puesto que son dos páginas de una misma historia indivisible, en ambas late una armonía que subyuga y se identifica en un mismo pueblo.


En su honor levantemos las mismas banderas en las reuniones de la ciudadanía y cuando alguien, extraño a la verdad histórica, interrogue sobre la identidad del homenaje, digámosle que el pueblo de Mayo no pudo nacer por generación espontánea y que es el mismo, que junto al soldado castellano labró en las amplitudes de América los cimientos de esta Patria de Libres.


Entre todas las fundaciones, Corrientes se destacó desde el comienzo, quizá por el empeño de los hombres que vislumbraron su porvenir venturoso, surgiendo allí esta estirpe de varones, formada en el crisol del arrogante corazón hispano y el ardiente alma guaraní, tan magnífica conjunción sólo podía darnos hombres que enorgullecerán la Patria..


El primer contacto con el hombre civilizado lo tuvo Corrientes con la expedición de Sebastián Gaboto o Caboto en 1528, cuando al remontar éstos el Alto Paraná necesitaron proveerse de víveres, en la región cercana donde se produciría el Milagro de la Pura y Limpia Concepción de Itatí.


La gente de Ayolas y de Irala también incursionaron en el territorio de la provincia, pero sin afincarse en ella.


Luego, en 1581, un informe de Fray de Ribadeneyra, señala la conveniencia de poblar una ciudad en el sitio que llaman de las Siete Corrientes, motivando una serie de exploraciones de reconocimiento, realizadas en precarias embarcaciones o a caballo, hasta que el día 3 de abril de 1588, funda, asienta y puebla la ciudad de Vera el Adelantado Don Juan Torres de Vera y Aragón, casado con la mestiza, hidalga reconocida por Real Cédula del 4 de julio de 1570, Doña Juana de Zárate, con ascendencia de probada nobleza, cuyas constancias fueron expedidas por el Cronista – Rey de Armas Félix de Rújula.


La expedición fundadora salió de Asunción, conduciendo alrededor de 200 hombres y 48 mujeres, en penoso viaje terrestre y fluvial por terrenos desconocidos, acechados por las fieras y hostigados por los indígenas, transportando todos los elementos para establecerse en forma definitiva en el nuevo asiento y arreando ganado para su subsistencia y reproducción, con lo que prácticamente nacen nuestras costumbres gauchas, del contacto íntimo del hombre con la naturaleza y la ganadería.


El nombre de estos esforzados pioneros que cristalizaron la hazaña y constituyeron los troncos de las familias que heredaron sus virtudes, se conservan en las Actas Capitulares y en el Repartimiento de las primeras encomiendas, hecho el 2 de octubre del mismo año. Allí constan sus apellidos para eterna gratitud de la Patria que nos dieron, por San Juan de Vera de las Siete Corrientes y por el linaje con que nos honraron. La nómina de las esforzadas damas que les acompañaron, que merecieron el trato de “doña”, figura en la Crónica de Mantilla y ha sido completada en estudio reciente sobre la fundación1.


Memoremos a los conquistadores y primeros pobladores, que tuvieron la dicha de vivir “el Milagro de la Cruz”, que ha dejado tan hondas huellas, en el espíritu correntino, lo que se manifiesta en su heráldica, pues el de Corrientes es el único escudo de América toda, que ostenta con orgullo y devoción cristiana el signo divino de la Cruz.


Esa lista de conquistadores, tan preciada en el historial correntino, está encabezada por Ambrosio de Acosta.


Debemos recordar también al que hizo posible esta empresa y que obligara a expresar que ningún guerrero de la conquista se asemeja más al héroe de la independencia americana, como Hernandarias, a quien por incontrastables virtudes le quepan también las hermosas palabras que Rojas rindiera al Águila de Maipo “más hermosa que su hazaña, era su conciencia. Su espada de santo reflejaba al desnudarse la luz de la justicia”.


A diferencia de aquellos que conquistaban para subyugar o luchaban para robar, Hernandarias conquistó para fundar y luchó para civilizar.


La cultura se mide en relación con la capacidad del hombre para juzgar, para comprender y sentir la belleza, para que sirva de vínculo de expresión de su propio espíritu, juego de realidades espirituales, al que poco podía aportar una educación que se orienta hacia finalidades puramente materialistas.


Cuando nos acercamos a la intimidad de la sociedad colonial, percibimos de ella una más sólida base cultural que en la actual.


Bien ha dicho Donoso Cortés “que cuando el hombre era conducido por la fe, se humillaba ante el poeta, dueño de su corazón porque pulsaba la lira”.


Misiones, colegios, universidades, todo fue uno y lo mismo y no podía ser sino como fue, ha dicho un historiador. Sólo un desconocimiento absoluto de la historia y un olvido de la trascendencia real de la conquista espiritual del continente puede haber hecho disponer lo contrario y la eficacia de esa enseñanza sólo puede desdeñarse echando al olvido el hecho real de la impresión que causa leer escritos de hombres cultos de la época, por la riqueza del estilo que hacen gala, la claridad de exposición, la lógica de los argumentos, todo eso que constituyen los valores básicos de la enseñanza humanística y de los que hoy pueden hacer gala no pocos estudiantes y universitarios.


América debe entender que lo que no es tradición sólo es engaño. Y sin el sentimiento común de enlace de los que fueron y los que son, no hay Patria. Sin unidad de conciencia y de corazones tampoco la hay y que nos hermanan aquellas simples cosas, como los sepulcros, sus piedras y sus canciones, que aparecen de la conjunción magnífica de esa variedad del pasado se pierde, pasa pero no se olvida, dejando un sedimento prolífico. Sólo aquellos pueblos que no saben mantenerlo pierden su condición de tal y pueden así ser pastos ciertos de corrientes ambiguas que sólo persiguen finalidades materialistas.


Ha dicho Vázquez de Mella que lo que distingue al hombre del animal es su tradición, por eso podemos asegurar con su autor “que romper el pasado del presente equivale a apartarse del magno futuro que nos espera” (Berdiaeff).


De esta conciencia, de este sentir, fue aquel, que al decir de un historiador, fue el primer hijo de la Patria: HERNANDARIAS, que sintió el clamor del espíritu y la necesidad de su alimento: la EDUCACIÓN. Gobernante progresista y gran visionario, comprendió que la conquista sólo se afianzaría con la cultura, le cabe a él la gloria de haber hecho los primeros ensayos de educación pública en aquellos tiempos, se propuso fundar una escuela de primeras letras que diera a los niños los rudimentos de la lectura, escritura y las cuatro reglas fundamentales de la aritmética. Y como es de suponer, en una ciudad recién fundada no podía haber muchos pobladores con suficiente cultura como para practicar la enseñanza.


Afincada la ciudad fue la primera preocupación la de proveerla de escuela, para lo cual se consultó a todo el vecindario para su aprobación, a la que estuvieron complacidos puesto que evitarían la ignorancia y vagabundez de sus hijos, comprometiéndose a pagar el estipendio mensual a su maestro.


Estaba resuelto el primer paso, quedaba ahora el más difícil, y era conseguir el maestro, ya que no podía tenerse en cuenta aquella disposición existente de nombrar a los sacristanes, ya que generalmente eran hombres rústicos y desprovistos de las condiciones necesarias para la conducción de la niñez. Era necesario buscar entre la población quién pudiera reunir todas las condiciones necesarias como ser también poseedor de las más altas virtudes. Se pensó en aquel vecino feudatario, que gozaba de tales conceptos entre la población y que era don AMBROSIO DE ACOSTA, conocido por su hombría de bien, su moralidad y más que nada por su preparación intelectual.


Se le hizo conocer tal deseo, pero declinó el ofrecimiento en un primer momento, pero ante la insistencia del justicia mayor y los cabildantes que invocaron el servicio que haría a la Corona y a Dios, se rindió y sometió a las exigencias del Cabildo. Pese a no ser maestro en el exacto sentido de la palabra, era no obstante persona apta para tal profesión, pues no sólo gozaba de cultura sino también de una sólida posición pecuniaria, ya que poseía encomiendas, chacras y faenas ganaderas, que le respaldaran, como así un profundo cariño hacia los niños, ofreciéndose casi gratuitamente. Resuelto estaba el segundo y más grave de los problemas. Se llevó al Ayuntamiento tal proyecto, solicitando su sanción favorable, dado los intereses del vecindario.


Componían allá en el año 1603 el Ayuntamiento: Alonso de Vera y Aragón, alcalde primer voto, Pedro López de Enciso, alcalde de segundo voto, Diego Martínez de la Orta, Juan Alonso de Cosar, Francisco Ortiz de Leguizamón, Juan Bernal, Hernando de la Cueva, Gaspar Gómez y Juan Gómez de Torquemada, procurador de la ciudad y mayordomo general.


El 10 de marzo de 1603, sancionan por unanimidad la realización de tan magna iniciativa y trascendental conquista en la vida social de la ciudad.


Dicho Documento se conserva en el Archivo Histórico de Corrientes, cuya traducción se transcribe a continuación:


“En la ciudad de Vera a Diez días del mes de marzo de mil seiscientos y tres años, se ayuntaron en su cabildo como lo tiene de uso y costumbre, a saber, el capitán Diego Martínez de Irala, justicia mayor de esta ciudad, y Pedro López de Enciso, Diego Martínez de la Orta, alcaldes ordinarios y de la Hermandad por su majestad, Juan Alonso de Cosar, Francisco Ortiz de Leguizamón, Hernando de la Cueva, Gaspar Bernal a tratar y comunicar cosas convenientes al servicio de Dios y su Majestad, bien y aumento de la República y entre otras acordaron nombrar maese de escuela, para que enseñe a los niños a leer y a escribir... y conforme nombraron a Ambrosio de Acosta, vecino de esta ciudad, para que enseñe a los niños; y que al dicho Ambrosio de Acosta le diesen un peso plata por cada niño que enseñe, o su valor en moneda corriente de la tierra, y visto por los propios cabildantes, el dicho Ambrosio de Acosta se obliga a cumplir sus deberes por un año.
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MensajeTema: Continuación   Lun Sep 22, 2008 4:46 pm

Y de así lo acordaron y recibieron al dicho Ambrosio de Acosta por maese de escuela, y el dicho Ambrosio de Acosta aceptó el nombramiento y lo firmaron: Diego Martínez de Irala – Pedro López de Enciso – Diego Martínez de la Orta – Juan Bernal – Hernando de la Cueva – Ante mí Alonso Sánchez, Escribano Público y de Cabildo”2.


Luego que hubieron de completar todos los requisitos, se procedió a la apertura de la escuela en forma solemne, en el sitio designado con anterioridad, y que era el de los llamados andenes de la Iglesia Matriz. A cuya apertura asistió Fray Baltasar Godines, Comendador de la Orden de los Mercedarios, cura y vicario de la ciudad.


Existe también documentación sobre el lugar elegido para su fundación, al ser designado en 1640 para desempeñar el cargo de Maese de Escuela Don Pedro de Medina, y cuyo documento dice así:


“Y en cuanto a la escuela de los niños en una conformidad acordaron... que acuda a ellos y los tenga en la Iglesia para comodidad de los niños”, habiendo otro documento de 1641 que confirma el anterior y dice al ser designado Maese Tomás de Zárate y establece:


“tomará la dicha escuela en los andenes de la Iglesia Matriz de la ciudad”3


INSERTAR GRÁFICO PÁG. 185


De todo lo expuesto y a la luz de la documentación, confirmamos la creación de una escuela de primeras letras, quince años después de la fundación de la ciudad, lo que nos da la pauta, tantas veces desvirtuada, de la honda preocupación de la corona por el estado de sus conquistas y el espíritu, no sólo heroico de los hombres que saben del valor de las letras y el imperio de la civilización a la que no mezquinaron sus esfuerzos y su dinero.


¿Pueden ser estos hombres bandidos, descastados, o ladrones, estos que tan magnífica epopeya nos han legado el don de la prudencia, sabiduría, honor y valentía, que nos dejaron el linaje de sus padres, la férrea voluntad, único sostén muchas veces de estos hombres que amaban la tierra por intuición y por eso conservaron con fiereza para sus hijos, manteniendo a fuerza de sangre sus conquistas?. Grande fue su espíritu. Sólo comprendiendo esto, puede apreciarse el valor de su realización y la concreción de esta Patria que hoy nos enorgullece y que, a veces, la ingratitud olvida y a quien tanto le debemos.


Maravillosa pintura la de las palabras del Dr. Molina al decir del criollo, hijo de la tierra y de padres españoles “de ceño adusto, magro el rostro, la capa en rebozo, la mano en el plomo de la espada. A ello les impedía el orgullo de sus blasones y la tradición de su estirpe. En el amor solaz porque así lo quiso su sangre ardiente. Aleteando su magia, todo un universo de quimeras. En el dramaturgo maravilloso que hermanó el despertar de una raza con el prodigio, su origen está en el valor y en su ilusión”.


Las glorias de estas obras sólo son de España. Sólo esos fieros conquistadores fueron capaces de realizar la conquista. Sus hazañas son dignas de los héroes o semidioses de los griegos...


Cuando desaparecen sus vidas, retoñan en nuevos troncos: el criollo y el mestizo, sus herederos. Arranca aquí la colonización de esta tierra y la extensión de las ciudades, a la hazaña sucedió el milagro, materializado en el abrazo de las razas.


Aparece aquí nuevamente en el escenario del devenir de aconteceres, aquél que señaláramos como uno de los primeros fundadores de Corrientes: AMBROSIO DE ACOSTA, hijo de otro Ambrosio de Acosta y de Isabel de Salazar, nieto de Gonzalo de Acosta, portugués nacido en 1490 y de una hija de Joao Ramalho. Habíase casado con María de Esquivel Cabrera, hija de Pedro de Esquivel Cabrera y de Marina de Avalos y Mendoza, teniendo a Ambrosio III, feudatario de Santa Lucía de los Astos, que se casó con María Britos Cabrera.


Joven aún se instaló en Asunción y allí como hijo de blanco concurrió a la escuela, fundada por Hernandarias, donde cultivó todo el conocimiento de la época.


Se incorporó más tarde a la expedición de Juan de Garay para la fundación de la ciudad de Trinidad y puerto de San María de los Buenos Aires, a su costa y misión, como se informara a la corona. Estaba ésta compuesta de 64 miembros, 53 de ellos criollos como él.


Estuvo presente en aquel histórico momento del 11 de junio de 1580 como testigo presencial. Por eso cuando Juan de Garay realiza la repartición de tierra a los pobladores, figura el nombre de Ambrosio de Acosta entre sus favorecidos. En uno de los solares aparece su honroso nombre. Cada manzana estaba constituida por 140 varas de medir de Castilla, como se lo designaba en esa época.


Años después Ambrosio de Acosta abandonaba la ciudad de Buenos Aires, posiblemente a influjo de aquella alma valerosa y aventurera que signaba los hombres de su tiempo, dirigiéndose hacia el norte, para aparecer en los documentos consignados como el presente al ser nombrado Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón. Y cuando se decidió la fundación en ese paraje llamado de las SIETE CORRIENTES, también estaba alistado y presente.


También Ambrosio de Acosta certifica con su presencia la fundación de Corrientes. Lo que nos habla de su valor, de su espíritu amplio y de su desinterés material, ya que por lo expuesto anteriormente era poseedor de abundantes tierras.


Pero llamado por la fuerza de esas tierras abandona esos impulsos juveniles, de esa vida nómada y fija finalmente su residencia en Corrientes hasta el final de sus días.


Cuando el “Tupí” Alonso de Vera y Aragón hace la repartición de las tierras y encomiendas como era costumbre hacer, al afincar las fundaciones, le asignan el 3 de octubre de 1588 la encomienda “Enemis con los caciques e indios que tuviera y por dos vidas”. Se le otorgaron 500 varas de medir de Castilla de frente por dos leguas de fondo teniendo por colindantes a Don Francisco Ortiz de Leguizamón y a Diego de Sosa, repartición que consta en autos de fecha 18 de septiembre de 15914.


Esta parcela, explotada convenientemente, permitió a Acosta asegurar su subsistencia, con las limitaciones que las modalidades de la época imponían. Poco a poco fue ampliándola hasta convertirla en una estancia importante. Le favoreció su notable laboriosidad y la ubicación del inmueble, limitado por el río actualmente llamado San Lorenzo y un caudaloso arroyo hasta entonces innominado. A partir de su llegada este último comenzó a llamarse arroyo de Ambrosio y el rincón formado por éste y el río San Lorenzo pasó a denominarse Rincón de Ambrosio, nombres que a través de cuatro siglos subsisten en la toponimia correntina.


También Hernando Arias de Saavedra le adjudicó tierras, como consta en documento del 20 de julio de 1598, dándonos la muestra de tan singular figura, de lucida y destacada actuación no sólo guerrera sino también civil.


A los tres años de fundada Corrientes ejerce el cargo de Escribano Público y de Cabildo, por su formación y cultura. Continuando en dichos cargos en los años 1596 y 1597. Fue también Teniente de Gobernador en su Jurisdicción.


Toda su actuación parece contestar la pregunta de por qué se designó un laico, en la misión de instruir, cuando parecía función privativa de los sacerdotes. Señalándolo así, como el precursor de los maestros criollos y laicos.


Quiero destacar que se habla de un “maestro” en Santa Fe en el año 1577, Pedro de Vega; pero del cual se carece de documentación que lo acredite como criollo, aunque pudiera hacerlo creer por el hecho de no encontrarse registrado en el Catálogo de Pasajeros a Indias, que han sido extraídos de las famosas Contrataciones que se realizaban en la Madre Patria a los candidatos a integrar las tripulaciones de las “Armadas” que partían a América y que se hallan en los legajos del Archivo General de Indias, en Sevilla.


También hay una referencia a un “maestro”, Diego Rodríguez, que desempeñaba tal misión en la ciudad de Buenos Aires en 1591 pero del cual no cabe duda su origen portugués, por lo cual nos queda la certeza que, al nombrar a Ambrosio de Acosta como el precursor de los maestros criollos no perteneciente al clero, no equivocamos términos, aunque muchos historiadores lo mencionan con este nombre a Francisco de Victoria que ejerce la función en Buenos Aires a partir de 1606. Digamos sin lugar a dudas que Ambrosio de Acosta resulta el maestro precursor en la falange gloriosa del magisterio de Corrientes y de toda nuestra Patria.


¿Cuáles habían sido las causas que motivaron su elección? Se deben quizá a la posesión de sus extraordinarios dones y su seleccionada cultura que lo ponían a la vanguardia de los hombres de su tiempo, demostrándonos que la instrucción en esos lejanos años llegaba a su más alto grado, sólo impedida muchas veces por el medio físico adverso y esa realidad económica latente a través de toda nuestra historia como factor desintegrante y disgregacionista, que impidieron llevar a cabo muchísimas veces las más caras ambiciones de los hombres que la propugnaron y a la que rindieron sus vidas y sus bienes. Como consta en la actuación de Ambrosio de Acosta.


Pero pese a toda es adversidad se levantan testimonios imposibles de desconocer, como el documentado, quedando para gloria de Corrientes el imponderable título de PRECURSORA DE LOS MAESTROS ARGENTINOS, destacando este acto singular, puesto que antes y después, es misión de las órdenes religiosas tal función hasta muy entrados los años.


Es una lástima apreciar que se carece de noticias en los Archivos sobre la actuación de “maese de escuela” por falta de las Actas Capitulares de ese entonces, pero es posible suponer que ejerciera varios años y presumiblemente hasta la designación del otro Maese de Escuela, don Pedro de Medina en 1640 y que falleciera septuagenario ya, rodeado de la estima y la admiración de todo el vecindario por el reconocimiento de las primeras generaciones de escolares de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes.


Así tenemos presentado el panorama de esta provincia que supo del sabor de la gloria y de la amargura de la postergación de los tiempos posteriores, quizá como castigo al atrevimiento de sus conquistas, porque lamentablemente Corrientes como todas las demás antiguas ciudades de la Provincia del Río de la Plata, que habían constituido su sociedad con representantes de probado linaje, limpios de toda mala raza, donde prevalecía la sangre ibérica y la india como en ninguna otra ciudad, no supieron conservar la autenticidad de su origen y la aristocracia que le donaran los conquistadores.


Estos son los orígenes de esta sociedad, de este pueblo, que está llamado a destinos superiores. Demos a luz este pasado pleno de glorias que dio al pueblo correntino su tan afamado nombre de “guapo”.


Y esto fue, porque el sentimiento no surge de la noche a la mañana, sino como sazonado fruto de dolor, que al decir del prestigioso historiador correntino Hernán Félix Gómez “el sufrir da fortaleza, y en los rudos castigos de un pasado se hacen fuertes las sociedades y se forja el alma inmortal de las naciones”.


Sólo aquí, en este pueblo, se juntan la Santa Cruz, las empuñaduras de las viejas espadas, la cultura de sus hombres y el inmortal sable corvo del Libertador. Rara coincidencia, tal vez única en los fastos de los pueblos de la conquista, que nacieron al pregón pacífico del misionero, del brazo armado del guerrero, de la sabiduría de sus hombres, y, que, en Corrientes, unen sus símbolos e insinúan su destino irrenunciable, pues habría de ser víctima propicia y redentora en las más puras cruzadas del ideal humano.


ARGENTINA VENCERA
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MensajeTema: Re: El primer maestro   Lun Sep 22, 2008 9:10 pm

No podemos olvidar a la hispanidad como cimiento , principalmente cultural , de la Argentinidad. Es bueno saber porque hablamos como hablamos y de quienes nos liberamos (porque a no olvidar tampoco que fuimos oprimidos), siempre y cuando eso no desemboque en Hispanofilia europeista que termina rompiendo con las tradiciones propias de nuestra tierra libre , independiente y soberana. Seamos hispanos pero hispanos-americanos , Y ARGENTINOS ANTES QUE NADA , si , seamos hispanos porque somos hispanos PERO JAMÁS HISPANÓFILOS , porque lo unico que podemos y DEBEMOS SER es ARGENTINÓFILOS ...

El nacionalismo a ultranza , aunque muchos vean el chovinismo como algo exagerado , ES LO ÚNICO QUE PUEDE FORJAR UN AMOR SIN LIMITES por lo que somos y por nuestra tierra madre. Porque la unica madre patria es nuestra Argentina , porque somos hijos de ella , somos hijos de este suelo , y como siempre se dijo , MADRE HAY UNA SOLA , siempre habrá UNA SOLA.

Saludos nacionales.

¡¡ VIVA ARGENTINA !!

¡¡ ARRIBA ARGENTINA !!


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