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 Identidad y Mundialismo, dos concepciones antagónicas de la realidad

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MensajeTema: Identidad y Mundialismo, dos concepciones antagónicas de la realidad   Jue Oct 09, 2008 5:31 pm

Desde la antigüedad, dos concepciones opuestas se han enfrentado en el seno de la civilización europea: la concepción identitaria o concepción popular y la concepción mundialista o universalista.

La concepción identitaria es consustancial a la visión europea ancestral del Mundo, está explícitamente formulada en la filosofía griega (la Política de Aristóteles y la República de Platón). También subyace en todos las tradiciones mitológicas de todos los pueblos indoeuropeos (Los Vedas, la Teogonía, las Eddas etc.). No sólo los pueblos europeos, sino también otros pueblos generadores de civilización comparten la visión identitaria. China y Japón son los dos ejemplos más significativos.

Según la concepción popular e identitaria la identidad de un pueblo reside en un origen común (proximidad biológica) y una serie de cualidades y características innatas que lo diferencian de los demás pueblos. Los logros culturales de cada pueblo son el producto de las características innatas de dicho pueblo y del medio ambiente que lo rodea.

Según la concepción identitaria las diferencias entre los pueblos suponen una riqueza y el mantenimiento de dichas diferencias es necesario para garantizar la existencia de las civilizaciones a largo plazo. La destrucción de la civilización, mediante el mestizaje de los pueblos creadores es el más execrable de los crímenes. El derecho a la identidad y a la conservación de los pueblos es el principio rector de la visión identitaria de la realidad.

La concepción identitaria es coherente con la biología y la Naturaleza. Como veremos, La concepción mundialista es de origen religioso.

Si el Pueblo es el creador de la civilización, el Estado debe estar al servicio del Pueblo. Y su principal objetivo es garantizar la supervivencia del Pueblo. La democracia ateniense y la república romana son los máximos ejemplos.

La concepción mundialista aparece por primera vez en Oriente Medio y está asociada a la creación de los primeros imperios, que los griegos denominaban despotismos orientales. Estos regímenes son imperios multiétnicos, todos los pueblos del imperio están sometidos al monarca y son iguales en su sumisión, los pueblos están al servicio del Estado. La principal función de los súbditos es asegurar la existencia del Estado, que en este caso se identifica con el monarca.

Esta concepción del pueblo al servicio del Estado es la misma que hay detrás del argumento de que “la inmigración es necesaria para la economía” (argumento falso). Es decir, el objetivo de la existencia del Pueblo es hacer rentable al Estado. Para ello, el Estado no tiene reparos en cambiar de pueblo si hace falta.

La transición de la concepción identitaria a la concepción universalista tiene lugar bajo un pretexto religioso y en ocasiones con violencia dirigida contra el pueblo creador del que sale el monarca absoluto. Por ejemplo, en la antigua Persia el rey Dario, justifica su poder absoluto al presentarse como representante de un Dios universal, Ahura Mazda, los persas que se niegan a ser súbditos de Darío al mismo nivel que los pueblos conquistados, se alzan bajo el liderazgo de Fraortes y son derrotados por el déspota Darío. Años después el modelo universalista del Imperio Persa fue derrotado por el modelo identitario griego en las guerras médicas.

¿Cómo entró en Europa el la concepción universalista? La victoria griega en las guerras médicas garantizó la continuidad de la civilización griega e hizo posible la aparición de la civilización romana y de nuestra civilización occidental. El Imperio Romano, en su periodo más tardío evoluciona hacia una monarquía absoluta similar a un despotismo oriental y adopta una religión universalista introducida en Europa tres siglos antes por un misionero judío llamado Pablo de Tarso.

Durante la Edad Media, las regiones no europeas del antiguo Imperio Romano son ocupadas por otra religión universalista, el Islam. La reacción frente al Islam y la cristianización de los pueblos germanos hacen que el cristianismo medieval se reinterprete para convertirse en una religión identitaria europea.

La batalla por el alma de Occidente, el universalismo contra la identidad. Con el fin de la Edad Media, el cristianismo comienza a retomar parcialmente su inicial naturaleza universalista y en la civilización europea comienza una lucha interna entre la ancestral y natural cosmovisión identitaria y la importada y dogmática cosmovisión universalista.

El gran enfrentamiento se escenifica por primera vez en España, en las ciudades de Burgos y Valladolid. Era el año 1512, en aquellos tiempos predominaba el método escolástico, basado en la citación de textos filosóficos o religiosos a los que se consideraba como “autoridades”. En dicho debate, el clérigo Montesinos defiende la igualdad de los indígenas americanos y pretende sentar las bases de un imperio similar al persa, en el que todos los súbditos de un monarca absoluto son iguales. Las autoridades en las que se basa son textos evangélicos. Contra Montesinos se alza la voz de Juan Palacios, profesor de la Universidad de Salamanca y que usa como arsenal argumentativo la Política de Aristóteles. La elección de textos, ilustra claramente el origen de ambas visiones del Mundo.

La batalla entre ambas concepciones del mundo se desarrolla durante los siglos siguientes en el plano cultural. Las teorías del contrato social del S.XVIII hacen avanzar el universalismo, ya que postulan que las comunidades humanas se forman a partir de un supuesto contrato y no de la relación de sangre entre sus miembros. La teoría de Darwin de la evolución de las especies posibilita un contraataque identitario, que se plasma en el movimiento racialista y ecologista dirigido por Madison Grant, cuyo principal éxito fue la Johnson Act en 1924, ley que impide la inmigración no europea a los Estados Unidos y que no fue derogada hasta 1964 durante el mandato de Kennedy. En Europa, el movimiento romántico refuerza las posiciones identitarias. La corriente alemana “sturm und drang” y la imagen de Lord Byron, quien murió combatiendo contra los turcos por la libertad de Grecia, son los dos ejemplos más claros.

De la batalla cultural a la batalla política. Durante el S.XIX y con el parlamentarismo, el combate cultural entre ambas cosmovisiones se transforma en un combate político. Karl Marx crea una ideología internacionalista basada en el determinismo social, el objetivo de esta ideología es usar el recién formado proletariado industrial como arma para la formación de un gobierno mundial dirigido por una reducida clase dominante (los líderes comunistas) y una gran masa de súbditos todos iguales, es decir un nuevo despotismo oriental. El poder del marxismo se basa en que los conceptos con los que se presenta al proletariado, son algo que ya le es familiar a éste (la opción preferencial por los pobres es un concepto muy arraigado en el cristianismo). La otra gran fuerza del marxismo viene de que propone una explicación de la totalidad de la realidad, una explicación falsa y basada en el determinismo social que no considera al hombre como un ser sujeto a las leyes biológicas de la Naturaleza.



Frente al poder organizado del marxismo, la concepción europea identitaria opone el los fascismos y el Nacional Socialismo. El Nacional Socialismo alemán es totalmente consciente de su papel histórico en la defensa de la identidad de los pueblos europeos y de todos los pueblos creadores de civilización, como los japoneses.



Debe ser creado un instrumento que permita combatir a la “volkisch Weltanschauung” (visión popular del Mundo), igual que la organización marxista de partido, es el instrumento del internacionalismo.

Esta es la meta que persigue el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores.



En la actualidad, se nos enseña que la oposición a los judíos del movimiento nacional socialista, era una actitud irracional y carente de toda explicación objetiva, en realidad, el origen de dicha oposición es la simple constatación del desproporcionado número de judíos existente entre los elementos intelectuales de todos y cada uno de los movimientos internacionalistas de la época.



El Nacional Socialismo aporta soluciones reales a la situación de la clase obrera europea, ya que según esta filosofía, el bienestar de los obreros es una parte esencial de la salud de la nación. Por el contrario el marxismo utiliza a los obreros para imponer su dominio político, el obrero es un simple instrumento del marxismo, no el beneficiario de las políticas marxistas.



De la batalla política a la guerra mundial. La Segunda Guerra mundial es una batalla a muerte entre una gran coalición de todas las ideologías mundialistas contra la cosmovisión popular e identitaria representada por el nacional socialismo y los fascismos.



No vamos a hablar de los aspectos militares de la contienda, sino de los aspectos propagandísticos e ideológicos. Es esencial tener en cuenta los aspectos propagandísticos de la segunda guerra mundial porque la maquinaria propagandística de los aliados no dejó de funcionar tras la guerra y sigue funcionando como si la contienda siguiese en su apogeo. Un típico profesor de historia, cuando habla de la segunda guerra mundial se convierte en un nuevo Ilja Ehremburg (propagandista judío soviético que transformó la guerra en “una guerra de exterminio cuyo objetivo era aniquilar hasta el último alemán”, según sus propias palabras”).



La propaganda aliada recuerda a la de una cruzada contra el mal. Stalin, se reconcilia con la Iglesia Ortodoxa, a la que había perseguido sin piedad. También logra presentar el conflicto ante el pueblo ruso, no como un enfrentamiento entre el internacionalismo comunista y la Alemania nacional socialista sino como una guerra patriótica por la madre Rusia (Dicho enfoque es el responsable de que paradójicamente en la Europa del Este actual el internacionalismo haya avanzado menos que en Europa Occidental y Estados Unidos). En Inglaterra el arzobispo de Canterbury, el día de año nuevo de 1942 habla del faro que supone la “fe indomable de Rusia”. Pese a tener su sede en territorio del Eje, la Iglesia católica se muestra ambigua, condena el comunismo pero publica la encíclica “Mit brennender Sorge” en la que critica el nacional socialismo. En los Estados Unidos, la victoria electoral de Roosevelt frente a Lindberg (también conocido por ser el primer aviador que atravesó el Atlántico) supone una victoria mundialista que abre el camino a la intervención americana contra Alemania. Roosevelt odia profundamente la Alemania nacional socialista, no duda en afirmar que el pueblo alemán está compuesto por fieras salvajes y que Hitler es el Anticristo y la personificación del mal. El peso de la movilización propagandística en contra del Eje, fue llevado a cabo en los Estados Unidos por las iglesias cristianas. En 1940 los obispos ingleses afirman que hay que “escoger entre la religión cristiana y el nihilismo que trae el hitlerismo”.



Tras la victoria los aliados crean una nueva religión universal cuyos principios se plasman en la declaración universal de los derechos humanos de 1948 y un gobierno mundial representado por la Organización de las Naciones Unidas. El mundialismo es más fuerte que nunca y toda manifestación identitaria es equiparada con el Nacional Socialismo y perseguida penalmente. Las potencias europeas “vencedoras”, como Francia y el Reino Unido, pierden sus imperios coloniales y comienzan a ser colonizadas por sus antiguas colonias. Tras un corto “baby boom” en los años 50 los pueblos europeos comienzan a declinar demográficamente y sus territorios son ocupados por masas innumerables procedentes del Tercer Mundo. Mientras las poblaciones europeas decaen, el Tercer mundo aumenta su población de forma exponencial como resultado de las políticas de ayuda puestas en marcha por los países occidentales.
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