Creo haber llenado mi deber con mis conciudadanos y compañeros. Si más no hemos hecho en el sostén de nuestra independencia, nuestra identidad, y de nuestro honor, es porque más no hemos podido
 
ÍndicePortalFAQBuscarRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 La Argentina Sovietica

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
odomok197
Sargento
Sargento
avatar

Cantidad de envíos : 133
Edad : 32
Localización : Mendoza
Fecha de inscripción : 10/09/2008

MensajeTema: La Argentina Sovietica   Lun Dic 14, 2009 4:59 pm

Sí. Ya sé. Suena exagerado.

Pero esperen. No resulta tan bombástico si uno rastrea un poco el origen y el significado de la palabra.

"Soviet", es una palabra rusa que significa "consejo", "asamblea". Los "soviets" se instituyeron en Rusia, no con la Revolución Bolchevique como comúnmente se cree, sino hacia fines de la época imperial del Zar. Nacieron como consejos de fábrica o empresa para solucionar los problemas "in situ", con la idea bastante razonable de resolverlos antes de que escalaran y degeneraran en conflictos sindicales o sociales de mayor magnitud.

En su momento, los militantes y agitadores socialrevolucionarios y socialdemócratas rusos, por supuesto, hicieron base y se aprovecharon de estas asambleas para sus proyectos de agitación y propaganda. De este modo, los soviets poco a poco dejaron de entenderse como una herramienta práctica para resolver problemas locales y pasaron a concebirse como herramientas de presión política, constituidas con obreros encuadrados por dirigentes revolucionarios profesionales.

Con este criterio marxista — es decir: con este sentido extendido de lucha de clases declarada, orientado específicamente a la motorización de una revolución — el primer soviet que se organizó fue el que apareció durante la abortada revolución rusa de 1905 en la que tuvo activa participación León Trotsky.

Más tarde, los bolcheviques de Lenin también adoptaron a estas asambleas como forma de organización revolucionaria. O, al menos, como arena para la práctica de la gimnasia revolucionaria. Así, a los soviets de obreros industriales (que en Rusia no eran tantos como para constituir una magnitud política decisiva) se agregaron con el tiempo y por estrategia política, algunos campesinos. Después, hacia el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando Rusia se debatía en una hecatombe de derrota militar y anarquía social, se sumaron, además, los soldados que regresaban del frente y que prácticamente se habían quedado sin una conducción eficaz. Estas asambleas, encuadradas por los "revolucionarios profesionales" que preconizaba Lenin, fueron los que ejecutaron aquél golpe de Estado que después la Historia registró como la Revolución Bolchevique. O como la "Gloriosa Revolución de Octubre". La denominación depende de la ideología y del corazoncito del autor que se consulte.

Después de 1917, los soviets se convirtieron en los órganos representativos (al menos en teoría) de la "dictadura del proletariado" y terminaron constituyendo (siempre en teoría) la base estructural del Estado. De allí que Rusia, durante su época comunista, pasara a denominarse como URSS; es decir: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El "asambleísmo"

"Soviet", por lo tanto significa tan sólo "asamblea" y la idea de la "asamblea popular" es una construcción abstracta que contiene varios componentes.

Por un lado se presenta (o, mejor dicho, es presentada) como una forma de "democracia directa". En esto, la referencia obligada es casi siempre a las asambleas de los ciudadanos griegos de Atenas, de hace ya más de 2.500 años atrás, desde una óptica más o menos idealizada. Y el grado de idealización aplicado se percibe bastante pronto cuando uno recuerda — como que no tiene más remedio que recordar — que estas mismas asambleas condenaron a muerte a Sócrates y mandaron al exilio a Arístides, entre varias otras estupideces colosales.

Esta idealización permite que las asambleas se propongan preferentemente a quienes de algún modo se sienten excluidos del sistema vigente. Y el argumento esgrimido es que constituirían instituciones en las que — con su voz y con su voto — el ciudadano común puede, si bien no decidir estrictamente hablando, al menos "participar" en las decisiones.

Con lo cual el "asambleismo" se presenta como una propuesta no sólo de "democracia directa" sino, además, de "democracia participativa". Como una especie de contracara a la "democracia representativa". En teoría y en principio, por medio del asambleísmo el ciudadano ya no estaría "representado" por intermediarios elegidos mediante el voto popular sino que participaría directamente en aquellas decisiones que, en una democracia representativa, tomarían legisladores, gobernadores o intendentes.

Sin embargo, bien mirada, la propuesta encierra un sinnúmero de trampas y de fenomenales hipocresías.

Psicología de las masas

Cualquiera que haya leído solamente algunas páginas de ese excelente trabajo de investigación psicológica que es Psicología de las Masas de Gustave Le Bon se habrá podido convencer de que las muchedumbres nunca deciden. Las muchedumbres son conducidas por líderes que hacen avalar sus propias decisiones por las masas.

Ninguna asamblea es "democrática" en el lírico y romántico sentido que siempre se le pretende dar al término. En cualquier asamblea, siempre hay dos o tres personas (generalmente dos; a veces tres; rara vez más) que toman la iniciativa, llevan "la voz cantante" y los debates se estructuran y se organizan alrededor de la voluntad de estas personas. Con mayor o menor órden; con mayor o menor anarquía y baraúnda. La masa, en la enorme generalidad de los casos sólo debate, refrenda o convalida la mayor o menor habilidad, el mayor o menor poder de persuasión, la mayor o menor capacidad de maniobra de alguno de estos líderes o dirigentes.

Asistan a cualquier asamblea y en el 99% de los casos no discutirán lo que ustedes quieren discutir sino lo que alguien ha decidido discutir. Y en nueve de cada diez casos, las conclusiones ya están decididas y acordadas de antemano. En realidad, por más dialéctica e ideología que se le meta, una asamblea no se diferencia nunca demasiado de una común y silvestre reunión de consorcio.

El alcance

La otra trampa es el alcance o la envergadura de las cuestiones a resolver. Nadie niega que las asambleas pueden resolver — y de hecho resuelven cuando están bien organizadas — cuestiones puntuales, específicas, concretas, que afectan directamente a los reunidos en asamblea.

Una asamblea de fábrica puede resolver — y casi seguramente resolverá — una cuestión como la iluminación del lugar de trabajo; el uso de los elementos de protección personal o, incluso, la secuencia de los períodos de vacaciones del personal. En un club deportivo, la asamblea de socios puede resolver si se incluye — o no — el tenis entre los deportes practicados; si se contrata un vigilador para evitar el robo en los armarios del vestuario o si, en lugar de arreglar la pileta de natación, construimos una nueva con medidas olímpicas.

Lo que la asamblea de fábrica nunca podrá hacer es resolver el problema de la tendencia a la concentración y al monopolio del Gran Capital. O determinar el volumen óptimo de, pongamos por caso, la producción metalúrgica para un país determinado. Mucho menos la asamblea de una fábrica metalúrgica podrá tomar decisiones, ni siquiera aproximadamente acertadas, sobre, por ejemplo, la relación proporcional óptima de distribución de materias primas entre la metalurgia de electrodomésticos y la industria automotriz; o entre ésta y la industria alimentaria.

La asamblea del club deportivo podrá resolver lo de la cancha de tenis. Difícilmente pueda resolver o tomar decisiones válidas en materia del deporte relacionadas con la salud pública a nivel nacional, incluyendo todas las particularidades y necesidades provinciales y municipales que hay en el medio.

Las asambleas fallan estrepitosamente en el "gran cuadro" principalmente por dos motivos:

1)- Es prácticamente imposible que tengan toda la información suficiente, oportuna, veraz, coherente y consistente que se necesita para para tomar decisiones eficaces - y

2)- Es muy poco probable que entre sus integrantes se encuentren todas las capacidades necesarias — personales y profesionales — para tomar una decisión de esa envergadura.

Doscientos o trescientos ciudadanos, armados tan sólo con su buena voluntad y con sus dosis individuales de sentido común, desgraciadamente no pueden resolver problemas que afectan a toda una sociedad de 40 millones de habitantes.

Es hora que alguien tenga la sinceridad de decirle eso a la gente.

Y dejémonos de hipocresías.

La agenda encubierta

Porque en materia de hipocresías se agrega un tercer factor: la agenda política encubierta.

Las asambleas son metodológicamente vistas por los teóricos clasistas como una herramienta para "superar" las estructuras burguesas (Estado, instituciones, autoridades) mediante un "llamado a las bases" que estas estructuras deberían gobernar. Son una forma de "pasarle por encima" al Estado burgués, apelando a su base, forzando decisiones por fuera de los canales orgánica (o al menos legalmente) establecidos.

Más aún: instrumentadas con ingenio y habilidad, las asambleas convertidas en soviets permiten hasta lograr que la sociedad burguesa entre en un estado de "autocrítica" permanente. Esta "autocrítica" — que en realidad no es sino un autocuestionamiento dirigido — conduce casi inevitablemente a la "desobediencia civil" y el resultado final buscado y deseado por los dirigentes asambleístas es que la propia burguesía termine socavando la autoridad de las estructuras que deberían gobernarla.

Algunas remozadas teorías neomarxistas sueñan, así, con una revolución "proletaria" ejecutada por burgueses que se suicidan políticamente debatiendo en el soviet lo que los revolucionarios de oficio (burgueses ellos mismos en su enorme mayoría) han impuesto e instalado como "grandes cuestiones" o "temas del día".

Uno de ellos es, por ejemplo, el tema del "ambientalismo" o la ecología, de la que se llenan la boca hablando hasta quienes no sabrían diferenciar el sulfato de cobre del cloruro de amonio.

Los soviets argentinos

Sucede que en la Argentina tenemos varios de estos soviets y hasta los hay con distintos estilos y características, dependiendo de su composición social, los tópicos argumentales y su ubicación geográfica.

Probablemente los más conocidos y publicitados sean los de Gualeguaychú con su reclamo ambientalista; las variadas asambleas "estudiantiles" — motorizadas últimamente hasta por docentes y padres militantes — y las de raíz sindical que se le sublevan a la conducción gremial oficial. Pero además, bien miradas, incluso varias organizaciones "piqueteras" caben dentro del mismo modelo.

En tren de hacer un listado desordenado y sin pretensiones de exhaustividad, podríamos mencionar a la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, a la
Asamblea Ciudadana Ambiental Colón, a la Asamblea de la Universidad de Rosario, a la del Mariano Acosta, a la del Carlos Pellegrini, a la de la UBA, a la Asamblea de médicos por el IOMA, a la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados y a la de los petroleros del Sur. Después, hasta hay cosas raras y medio graciosas como, por ejemplo, la Asamblea Popular de Psicoanalistas, la Asamblea Interbarrial de Parque Centenario, o la Asamblea de Almagro nucleando a algunos anarquistas que, por supuesto, no podían faltar tampoco. Pero, por favor, no me pidan que siga con el listado. Podría ser larguísimo. Y de última, tampoco sé realmente muy bien cuantos de todos estos soviets son reales y cuántos no pasan de ser simplemente un sello de goma inventado por cuatro gatos locos con ganas de jorobar un rato.

La cuestión es que, de todas estas siglas, todas aquellas que son realmente operativas y reales tienen una agenda política.

El carácter solapada pero eminentemente político de estas asambleas queda bastante al descubierto cuando uno le presta un poco de atención al estilo comunicativo de sus portavoces.

Porque una de las principales características que tienen en común todos estos soviets es que se la pasan declamando y reclamando "democracia" mientras, en forma simultánea, desprecian olímpicamente el sistema democrático, republicano, representativo y federal que (al menos teóricamente) rige este país.

Porque estos soviets no "peticionan" ante las autoridades como lo prevé (al menos teóricamente) el sistema democrático vigente. Exigen. Imponen. Chantajean. Demandan. Reclaman perentoriamente una "solución". Pero no la solución posible, ni la solución óptima, ni mucho menos la solución elaborada por órganos específicos institucionales o profesionales idóneos. En la enorme mayoría de los casos exigen que el Estado implemente alguna ocurrencia nacida en el - a veces muy afiebrado - cerebro de algún dirigente asambleísta.

Más aún. Muchas veces, esas demandas perentorias, petulantes y arrogantes, están directamente diseñadas para ser de cumplimiento imposible. O bien, una vez concedidad la demanda inicial relativamente razonable, inmediatamente se propone otra, con dificultad de cumplimiento incremental, usando el argumento de "si dieron 100, también van a poder dar 150" pero — en realidad — la exigencia del incremento no es para mejorar la conquista sino para que el conflicto no se termine.

Porque lo que importa es el conflicto. Sobre todo el conflicto armado sobre una lucha de clases.

Y dónde el conflicto no existe, los asambleístas soviéticos se encargan de crearlo.

La verdadera estrategia

Es que para los soviets lo fundamental no es el problema en sí, ni mucho menos su solución. Lo fundamental es el conflicto. La lucha. El estado de "desobediencia civil" que - al menos así lo esperan - permitirá generar el "clima revolucionario" necesario para justificar el asalto al Poder político.

Lo que le importa a los que realmente motorizan al Soviet de Gualeguaychú es mantener el conflicto con la empresa capitalista de la ribera de enfrente. Cualquiera sea esa empresa. Cualquiera sea el nivel de contaminación. Cualquiera que sea la industria que se pretenda montar. Lo importante para este soviet es demostrar que "la gente" puede más que el gobernador Busti; que el soviet puede más que el Estado. Que este Estado, si no quiere tener problemas en las próximas elecciones, tendrá que "ir al pié" del soviet.

Y lo mismo pasa con los soviets estudiantiles. Si el Carlos Pellegrini tiene éste o aquél programa de estudios; ésta o aquella orientación profesional; si el rector está bien o mal designado; eso es lo menos importante. Lo realmente importante es la agitación del estudiantado; la oposición a cualquier atisbo de autoridad por parte del Estado. Lo importante es obligar a los funcionarios públicos a otorgar concesiones — cualquier concesión — y a reconocer así que el Poder Real está en el soviet.

Y no se pierda de vista que el mero no-ejercicio de la autoridad ya es una concesión indebida. La mera negativa a "reprimir" — que en realidad no es sino la renuncia cobarde al deber de poner un poco de órden en el aquelarre — ya es una concesión.

Y exactamente la misma situación se da con los soviets piqueteros. El mensaje es tan transparente que hasta causa gracia que nadie se atreva a ponerlo en blanco sobre negro. El mensaje es: "Si no nos dan lo que queremos; si no hacen lo que exigimos; armamos quilombo". Cortamos el tránsito. Tocamos el bombo. Gritamos barbaridades. Cagamos a pedradas a la policía. Rompemos un par de vidrios. Y aparte de ello, nos divertimos un poco. A los que quieren pasar a toda costa les cobramos algún "peaje" para garronear unos mangos y al que la vaya de malo le hacemos bolsa el auto a palos. ¡Y aguanten los Pibes Chorros!

¿Eso es política?

No lo creo. Pero, es lo que hay. Es lo que tenemos.

La verdad de la realidad.

Por supuesto que a esto le cabe la proverbial pregunta de si la culpa es del chancho o de quien la da de comer.

Por lo expuesto, habrán podido apreciar ustedes que — siguiendo a Orwell en esa fantástica sátira suya que fue "Rebelión en la Granja" — no le tengo precisamente demasiada simpatía a los chanchos.

Pero, a fuerza de intentar la mayor objetividad e imparcialidad de la que soy capaz, la verdad es que tampoco siento simpatía alguna por quienes les dan de comer.

Porque ¿a qué se debe en última instancia esta sovietización de la política argentina?

Se debe a la inoperancia del Estado. Y esta inoperancia, a su vez, es consecuencia de la ineptitud, la corrupción, la cobardía y la estupidez de nuestros políticos.

Pongamos una cosa en claro: en la Argentina, el que no "arma quilombo" no existe. Podría morir con su problema en la mochila sin encontrar a un sólo político que se ocupe de resolverle el problema. En la Argentina las cuestiones se "dejan podrir". En realidad, a nadie le importan un comino. Por lo menos hasta que no estallan.

En la Argentina la salud es un negocio, la educación es un negocio, la justicia es un negocio, la seguridad es otro negocio, la droga es un negoción y la política es el negocio que parasita de todos los demás negocios. A ningún político con dos dedos de frente se le ocurriría arruinarlo. La cosa se pone fea solamente cuando alguno de estos negocios se sale de madre y provoca algún desastre. O cuando alguien se "desprolija" y se destapa alguna olla de las miles de ollas podridas que hasta las palomas de Plaza de Mayo saben que existen. Como los "retornos" en las licitaciones públicas o "la Banelco" que circula por los Legislativos.

Dejemos de lado pudores ridículos y, ya que no hemos conseguido resolver los problemas, por lo menos tengamos el coraje de plantearlos de frente. ¿Acaso no sabe todo el mundo que en la Argentina, nadie, jamás, ganó una licitación pública sin la "participación" de los funcionarios adecuados? ¿Acaso no sabe todo el mundo que la sanción de las leyes es moneda de cambio — en el sentido más estricto del término — y que uno de los mejores negocios es ser opositor porque siempre alguien pagará para que el "opositor" deje de oponerse? ¿Acaso no sabemos todos que se inventan normas sólo para dificultar los trámites ya que así se genera un fenomenal "curro" que aprovechan los que tienen "la posta" de cómo se destraba esa colosal Máquina de Impedir que es nuestra burocracia? Dejémonos de ficciones y de disimulos artificiosos. Todo el mundo lo sabe. En la Argentina los dirigentes soviéticos vernáculos no tienen que ser para nada creativos en eso de crear conflictos. La inoperancia, la ineficiencia, la ineficacia y hasta la estulticia de nuestros políticos se encarga bastante bien de que siempre haya algún motivo de conflicto.

La crisis energética que se vive este invierno viene cantada desde hace por lo menos cinco años, si no más. Y nadie hizo algo que valiese la pena al respecto. Puesto que hasta ahora siempre conseguimos "zafar" de algún modo, pues pateamos el problema para adelante. Ahora que la cosa está que estalla, ahora que la demanda ya superó la oferta; ahora que la situación amenaza con convertirse en un escándalo, ahora que se avecinan elecciones nacionales, ahora quizás — y sólo quizás — alguien se conveza de que por lo menos habría que ponerle un parche al asunto para seguir aguantando. Y el parche — acuérdense de mi pronóstico — consistirá en permitirle a las empresas energéticas ganar más.

O, por lo menos, garantizarles que ganarán lo que pretenden ganar.

El fenómeno que, en lo fundamental, alimenta al piqueterismo y a los distintos soviets es el mismo Es un ciclo perverso que comienza con un Estado anémico, conducido por políticos ignorantes, indolentes e indiferentes que dejan crecer los problemas sin tomar decisiones para solucionarlos. Después, cuando la situación se vuelve crítica, sigue con esos mismos políticos que, por cobardía, no se animan a tomar las medidas necesarias porque tienen miedo de que sean "impopulares". Después, cuando estalla la protesta por indignación auténtica, o cuando, aprovechando la fastidiada resignación general, se montan a caballito de la crisis los agitadores asambleístas, los mismos señores que dejaron crecer la anarquía tampoco consiguen juntar el coraje necesario para "reprimirla".

¿Se dan cuenta? En realidad, no es que nuestros nuestros políticos se niegan a "reprimir" porque sienten lástima por la pobre gente y no quieren herir a nadie. No. No es eso. Otro Kosteki y otro Santillán no le mueven el amperímetro a ningún dirigente ni a ningún político, más allá de los púdicos compungimientos de rigor y más allá del "costo político" a pagar eventualmente. Nuestras autoridades no quieren "reprimir" porque, de hacerlo, muy pronto quedaría en claro que están castigando a las víctimas de un desastre que ellos mismos han engendrado y fomentado con su incapacidad y su desidia de politicastros corruptos.

Así entramos en un infernal círculo vicioso del cual lo triste es que resulta muy difícil salir.

Políticos ineptos cuya única preocupación es halagar al electorado y ganar votos prometen lo que no pueden cumplir y no cumplen con lo que sería su condenado deber hacer.

La parálisis resultante genera miles de crisis, pequeñas y grandes, con las cuales nadie se quiere meter por miedo a tener que tomar alguna medida "impopular" que reste votos.

Al final las crisis degeneran, la paciencia de la gente estalla y una terminal ferroviaria termina prácticamente destruida e incendiada. O se montan sobre la crisis los dirigentes de un clasismo marxista que, siguiendo la estrategia de Gramsci, explotan estas "contradicciones internas" de la sociedad burguesa para avanzar sobre la sociedad civil desgarrada con miras a la conquista del Estado utópico vendiéndole a los incautos y a los ignorantes el cuento de la "democracia directa y participativa" que hasta en el análisis más superficial se revela inmediatamente como por completo inadecuada para ordenar, estructurar y gobernar a una sociedad de millones de seres humanos.

Cuando Lenin, en 1917, se apoyó en los soviets, esperaba conquistar con ellos al Estado y, desde el Estado, especulaba con poder hacer la revolución. No le resultó. La revolución, la única que hubo, fue la que hizo Stalin. La hizo con un aparato político feroz, férreamente organizado y hasta inhumano. El experimento costó 20 millones de muertos (por parte baja) y terminó derrumbándose en un callejón sin salida. Lo heredó una maffia de delincuentes pagada por el dinero de la globalización capitalista y, al final, terminó rescatada por la KGB que ahora, con Putin, está tratando de rearmar el edificio del Estado ruso juntando los escombros que quedaron del Estado soviético.

Está bien que hoy varios intelectuales de izquierda sigan especulando con que, aquello que no le salió bien a Lenin (por culpa de Stalin) y lo que no le salió bien a Stalin (por culpa propia), quizás le habría podido salir bien a Trotsky. Está bien que sigan especulando con estas hipótesis porque las utopías no mueren y en toda utopía, por más descabellada que sea, siempre hay algo de poesía encerrada. No es posible construir sin entusiasmos y la poética de la política es la que enciende la antorcha del entusiasmo político.

Pero yo propondría no pasarnos de revoluciones con eso de encender antorchas porque, al final, podemos terminar en medio de un incendio colosal . Una tesis negativa es indemostrable. Especular con que Gramsci y Trotsky hubieran tenido éxito allí dónde Lenin y Stalin fracasaron estrepitosamente es entrar en la típica argumentación de qué hubiera pasado si no hubiera pasado lo que efectivamente pasó.

El ejercicio intelectual puede ser interesante. Hasta ingenioso. Pero es absolutamente inútil y estéril.

Porque Doña Historia ya ha dictado sentencia en esta materia y ninguna especulación intelectual, por más brillante que sea, conseguirá jamás invalidar la experiencia histórica concreta.

La Argentina soviética tiene tan poco futuro como lo tuvo la Rusia Soviética.

Los neoliberales globalizadores de la década del '90 se imaginaron que habían dado con la solución desmantelando al Estado. Los neomarxistas insisten en creer que han dado con la solución pasándole por encima al Estado. El resultado de lo primero fue la crisis del 2001. El resultado de lo segundo todavía está por verse, pero puede llegar a ser mucho peor.

Desengañémonos: la solución no pasa ni por desmantelar ni por derrotar al Estado.

Pasa por reconstruirlo y por ponerlo al servicio del organismo social del cual forma parte.

Pero claro, hacer eso es bastante más difícil que armar un piquete, una asamblea o, incluso, una buena campaña electoral.
Volver arriba Ir abajo
http://consignanacional.blogcindario.com
cacho.88
cabo primero
cabo primero
avatar

Cantidad de envíos : 116
Edad : 29
Fecha de inscripción : 04/09/2008

MensajeTema: Re: La Argentina Sovietica   Lun Dic 14, 2009 5:35 pm

interesante informe odomok esto lo hizo usted?, la verdad me asuste con el titulo pense que cambio de bando....
hablando de los suvieticos es muy dificil separarlo de el comunismo..
saludos
Volver arriba Ir abajo
odomok197
Sargento
Sargento
avatar

Cantidad de envíos : 133
Edad : 32
Localización : Mendoza
Fecha de inscripción : 10/09/2008

MensajeTema: Re: La Argentina Sovietica   Lun Dic 14, 2009 5:45 pm

Que tal camarada cacho, lamentablemente no lo hice yo, a mi no me da el bocho para escribir así jajaja, no recuerdo bien de donde lo había sacado, lo tenia guardado por ahí.

Saludos
Volver arriba Ir abajo
http://consignanacional.blogcindario.com
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: La Argentina Sovietica   

Volver arriba Ir abajo
 
La Argentina Sovietica
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Aumentan los ludópatas. (Argentina)
» NARCOTRAFICO EN ARGENTINA : CANIBAL FERNANDEZ " EL CAPO"
» Patagonia Chilena Argentina-guerra del pacifico
» UFO en 27°Aniversario Fuerza Aérea Argentina - Base Aérea Morón
» La deuda externa argentina

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Nacionalismo Argentino :: NACIONAL ARGENTINO :: GENERAL-
Cambiar a: